"Los cristianos estamos llamados a vivir en comunión eclesial" + ADALBERTO MARTÍNEZ, Obispo de San Pedro 02 de diciembre de 2007 Queridos Hermanos y Hermanas: Saludo de todo corazón a los peregrinos y peregrinas que llegan y siguen llegando junto a la Virgen de los Milagros de Caacupé, animados por la fe, la esperanza y el amor que a Ella le tienen, y animándose mutuamente por la paz y la alegría encontrada en este Santuario. El profeta Isaías (Is.2, 1-5) nos comenta: "hacia El confluimos todas las naciones, caminarán pueblos numerosos. Dirán: Venid, subamos al monte del Señor en la casa de Dios de Jacob". Por lo tanto todos cantemos el Salmo: que alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor ( Sal.121). El peregrinar de los cristianos nos recuerda que la Iglesia está siempre en movimiento, es el Pueblo de Dios que se pone en camino, y su caminar es hacia una meta: Cristo! El mismo Señor Jesús es el centro de nuestras vidas. El nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas ( Is.2, 1-5). Adviento es un tiempo de gracia y bendiciones, para prepararnos para celebrar una vez más, el gran acontecimiento del nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo. La liturgia nos ofrece 23 días hasta la Noche Buena, para reflexionar y contemplar el espíritu auténticamente cristiano de la Navidad, para contemplar más bien, el rostro de Dios hecho niño en la pobreza de la cuna, que se ha llenado y nos ha llenado el corazón de la riqueza de Dios. María Santísima, en su fiesta de la Inmaculada Concepción, como fiel Servidora de Dios y de sus hijos, como ejemplo de discípula y misionera, viene a nuestro encuentro para guiarnos y llevarnos a concentrarnos en su hijo Jesús, y vivir vigilantes en este tiempo. Podríamos decir entonces que la Fiesta del 8 de diciembre, nos prepara para la gran Fiesta que celebramos el 25 de diciembre. Estén en vela, porque no saben el día que vendrá el Señor (Mc.24). Se nos invita a prepararnos personal y comunitariamente a revisar nuestra vida, a convertirnos, a renovar nuestro compromiso bautismal caminando a la luz de su Palabra, para que guíe nuestros pasos. Es una invitación a la esperanza, a abrir nuestro corazón a Cristo. No a encerrarnos en el miedo, en el pesimismo, en las frustraciones que llevamos a cuestas. Benedicto XVI -en su última Encíclica "La Esperanza Salva", nos dice- El Cristianismo no es solo una buena noticia (…) el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida. La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva. Y Cristo es la Esperanza. "Los cristianos estamos llamados a vivir en comunión eclesial", es el tema que se nos propone este día. El mismísimo Señor, en la oración sacerdotal, ha orado al Padre: Padre que todos sean uno ( Jn.17,21). La voluntad del Padre es que vivamos unidos y profesemos con nuestras palabras, con nuestras vidas, que la Iglesia, es Una Santa, Católica (universal) y Apostólica. Es Apostólica porque está fundada sobre los apóstoles y sigue enseñada, santificada y dirigida por los apóstoles gracias a aquellos que le suceden en su ministerio pastoral: el colegio de los obispos, "a los que asisten los presbíteros justamente con el sucesor de Pedro y sumo Pastor de la Iglesia" (AG5). La apostolicidad es garantía de la unidad de la Iglesia y la unidad de la Iglesia se expresa, se realiza cuando fundada, cimentada en su apostolicidad. A lo largo de los siglos, ella se ha mantenido unida, sobre la Roca de Pedro y sus sucesores, a pesar de las persecuciones sufridas, apostasías y cismas, a pesar de la falta de santidad y fidelidad de sus miembros que ha causado rupturas que por momentos han lesionado al Cuerpo de Cristo, la Iglesia ha conservado -ciertamente también por acción del Espíritu Santo- la nota de unidad y santidad que los fieles católicos profesamos. Por otra parte no se puede profesar el Credo pronunciando con los labios que la Iglesia es Una y Santa, Católica y Apostólica, cuando con el corazón y con las acciones se la rechaza, critica sus enseñanzas, se hacen pública las propias posiciones por intereses personales o sectarios para hacerse las propias "carpas" de una iglesia hecha a imagen y semejanza de uno mismo, anteponiendo los propios intereses personales o grupales, a los valores del Reino de Dios, y de ese modo de nuevo se "crucifica" y seguirá crucificando al Señor, crucificar la Verdad para dispersar el rebaño. La vocación a la que el Señor nos llamacomo discípulos y misioneros es ser Piedras vivas en la construcción del edificio espiritual. El edificio es la Iglesia, Cuerpo de Cristo. En Aparecida, en la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, se ha vivido la experiencia de comunión de la Iglesia en Latinoamérica, y el compromiso de seguir construyendo la unidad de la Iglesia enfidelidad del mandamiento misionero del Señor: Id y enseñad a todos los pueblos. Pero para "ir y enseñar", (también concluye el Doc. de Aparecida) debemos buscar nuevos métodos, en nuestras comunidades eclesiales, para formar a los discípulos y misioneros: formación bíblica, catequística, teológica, eclesial, humana, cultural, en los valores evangélicos, en Doctrina Social de la Iglesia, en los documentos del Magisterio del Papa y del Magisterio de la Iglesia. La Iglesia en Paraguay, a través de la consulta eclesial "Habla Señor que tu Iglesia escucha", pide más formación permanente de sus agentes pastorales, especialmente de los fieles laicos, para progresar hacia una mayor adhesión a Cristo y a su Iglesia. Necesitamos, Cristo necesita de discípulos y misioneros entrenados, instruidos, para la paz, la "comunión". En un mundo globalizado, ante el avance de las tendencias e ideologías relativistas (Dictadura del relativismo lo ha llamado el Papa Benedicto XVI, cuando asumió su Pontificado en el 2005), vivimos fragmentaciones sociales (por motivos económicos, de clases, ideológicos) que ya existían, y que se agudizan aun más con el avance del así llamado progreso odesarrollo de las ciencias, de la tecnología, de las ciencias sociales, que comprometen seriamente la fraternidad, la verdad, la justicia social, la integridad de las personas. "No es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es redimido en el amor" (Benedicto VXI, Encíclica "La Esperanza Salva"). La unidad y la convivencia armónica de los habitantes de nuestro país, se ve flagelada y gravemente herida y desechada por la "devaluación" o "desvalorización de la dignidad de la vida humana. Especialmente cuando en "nombre" del progreso, el desarrollo, se menoscaba y suprime a la persona humana, quien es precisamente el sujeto del desarrollo, y no su victima, su servidor y esclavo, como sucede a menudo. La desvalorización y desecho de la vida humana, de los ciudadanos en nuestro país, se dan con las prácticas clandestinas o clandestinamente abiertas y conocidas, de abortos procurados y/o practicas de censurar o clausurar la capacidad generativa del vientre materno con métodos artificiales alentados muchas veces por la salubridad pública y privada para disminuir, frenar y controlar los nacimientos. La Iglesia debe ser defensora de la santidad de la vida humana y colaborar con todos los medios posibles a su alcance para educar al respeto de la vida humana en todas sus etapas y que no es lícito ni moral interrumpir los nacimientos con prácticas abortivas o evitarlos con medios artificiales. Esta desvalorización de la vida humana también se da en todos los ambientes públicos y privados cuyo fruto es la "corrupción" con sus tentáculos pequeños y grandes de fraudes, de mentiras, de prebendarismos, de regalías, de robos y manipulación y uso indiscrecional del dinero público (dinero del pueblo). Tampoco la Iglesia en algunos de sus miembros está exenta de este pecado que debería ser erradicado y purificado. La desvalorización de la vida, también se ha hecho visible, detrás de las tensas humaredas causadas por los incendios y sequía, el empobrecimiento siempre tan actual y tan antiguo de nuestras zonas rurales, las exclusiones sociales en el que sobreviven miles de campesinos, sus familias, niños/as. La declaración de Emergencia Nacional no ha hecho más que descorrer el velo de marginación ydesvalorización del campesinado, que ha sido siempre tan postergado y dolido por emergencias menos publicitadas. Parte del vía crucis rural, se dan con el avance incontenible e incontrolado por los organismos de estado de compradores de grandes extensiones de tierra, por criollos o extranjeros, que marginan o anulan a los pequeños agricultores, muchas veces privados de su tierra propia, o bien obligados por las circunstancias económicas a ceder o vender la propia generando aislamiento de poblados enteros que han sucumbido bajo el manto verde de extensos cultivos de soja. En nuestro país es cada vez más grave la desvalorización del medio ambiente, donde los mega cultivos, los bosques son totalmente rasados, contribuyendo a los cambios climáticos y a la sequía, a la contaminación de los ríos, el empobrecimiento del suelo, y envenenamiento de las personas (en las comunidades vecinas, obligadas a sufrir la pestilencia de los insecticidas y agrotóxicos que respiran, sin mucho rubor por parte de algunos empresarios terratenientes carentes de devociones muy humanitarias (aunque sí actúan movidos más por devociones monetarias). Los índices macroeconómicos del país y de la producción sojera gozan de solvencia estadística, aunque no llegan a convencer en lo más mínimo al bolsillo de la mayoría de los pobres (un tercio del país) obligados a hambrear y ser usurpados de sus fincas y su agricultura familiar. Por otra parte, agradecemos a personas e instituciones que han acudido al clamor de los damnificados por la sequía e incendios, con su colaboración en víveres, ropas y medicinas, los niños y familias les agradecen este gesto de solidaridad. Es urgente hacer una opción por los más desprotegidos, no solamente en circunstancias de desastres, por parte del gobierno para impulsar y salvaguardar los intereses de los débiles y empobrecidos de la sociedad. Se hace necesario, trabajar sobre responsabilidad social y ciudadana, estableciendo claras políticas de desarrollo y equidad social. Las promesas rimbombantes de los dirigentes de partidos al electorado no bastan, como tampocobastarán distribuir o regalar algunas migajas, en los periodos electorales, para callar lasnecesidades básicas y urgentes de los excluidos sociales. Si las diferencias sociales, que generan grandes índices de personas que viven bajo el yugo de la pobreza, no son sanadas no será posible construir la paz y launidad en el país, las tensione podrían agravarse con las luchas sociales por la equidad social. Ante estos desafíos y el compromiso de ser discípulos y misioneros de Jesucristo, estamos convocados a construir la fraternidad en Paraguay, la unidad en la Iglesia y el país. Que María Santísima y San Roque González de Santa Cruz nos animeny fortalezcan en la vocación de ser piedras vivas en la construcción del edificio espiritual, que es la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. Así Sea. |