Carta a todos los Sacerdotes de la Provincia Eclesiástica
Queridos amigos:
La continuada atención de nuestros compromisos pastorales hace,
con frecuencia, que el diálogo y la comunicación entre quienes
compartimos un ministerio y un compromiso de tanta responsabilidad
sea tan frecuente y tan cálido como es debido. Si ustedes lo perciben
lamentan muy de veras, nosotros no lo ignoramos ni dejamos de sentirlo también.
Cuando algún acontecimiento hace más necesaria una comunicación
directa, nos alegramos de poder dialogar, siquiera de este modo, con
quienes el Vaticano II llama "necesarios colaboradores" nuestros.
Creemos que la XIa. Jornada Nacional del Clero ha sido una ocasión
de esas. Y estudiadas por la Conferencia Episcopal en su ultima
Asamblea sus conclusiones, hemos creído conveniente dirigirles esta
carta. No solamente queremos informarles sobre el tratamiento dado
a las conclusiones. También deseamos compartir esperanzas e
inquietudes con ustedes. De ahí que esta carta tenga tres partes: la
primera referida a la Jornada Nacional del Clero; la segunda
relacionada con la situación del país y la vida del Clero, y la tercera,
con el anuncio de una esperanzadora decisión tomada con respecto a
la Formación continuada de los Sacerdotes.
1. Hemos estudiado las conclusiones elaboradas por los participantes
en la XIa. Jornada Nacional. La inesperada muerte de quien fuera el
Coordinador general de la misma, el siempre recordado P. Aquilino
Villalba, ni siquiera le permitió hacer llegar a los participantes dichas
conclusiones. Con esta carta va el documento correspondiente, y sea
esta ocasión propicia para encomendar al Señor a este hermano
difunto, lo mismo que a los otros Sacerdotes, fallecidos en el año: P.
Manfredo Junemann, Mons. Ildefonso Díaz, Pbro. Máximo Díaz
Arriola y Pbro. Sixto Zenón Ferreira.
Daría extensión inusitada a esta carta el tratamiento de cada una de
las sugerencias o pedidos formulados. Nos parece mejor limitarnos a
asegurar a ustedes. Que muchas de tales conclusiones y sugerencias
han sido asumidas por los Equipos Nacionales para su
implementación. Han sido asignadas otras, por la Asamblea de la
CEP a algunos Equipos Nacionales. Y, finalmente, las que corresponde
asumir a los mismos Obispos, serán llevados a la práctica a partir del
año que se inicia. Así, por ejemplo, el curso de comunicación para
los Obispos, será preparado y realizado cuanto antes.
Antes de pasar a otro punto, queremos destacar la complacencia con
que todos los Obispos hemos recibido este fraternal servicio de los
Sacerdotes. Entendemos que es el camino adecuado para llegar a una
mayor eficacia en la labor evangelizadora de nuestra Iglesia, que en
gran medida depende de nosotros: Obispos y Sacerdotes.
2. Precisamente esa conciencia de nuestra común responsabilidad
nos mueve a compartir con ustedes dos preocupaciones que fueron
debidamente consideradas. La primera de ellas se refiere a la situación
del país, al inicio de un nuevo año y en vísperas de elecciones
generales. Los obispos han resuelto dirigir un mensaje sobre este
tema. Nos parece necesario recordar los grandes principios de la
Iglesia sobre la vida política de la nación. Pero también nos parece
imprescindible confiar en ustedes y a todos los agentes pastorales la
aplicación práctica del documento. Con frecuencia se nos señala la
inoperancia de nuestros pronunciamientos, por no pasar de
declaraciones o de papeles escritos. Queremos superar con ustedes y
con todos sus colaboradores, esta realidad. Para eso sera
imprescindible un serio esfuerzo de reflexión y una inteligente labor
de aplicación de las responsabilidades personales y comunitarias en
la gran tarea de construir un Paraguay mejor. O, como decíamos en
Caacupé hace poco, "un santuario de paz y de justicia?"
La segunda preocupación se relaciona con la vida del Clero.
Percibimos la necesidad de redoblar esfuerzos para lograr el gran
anhelo de nuestro pueblo y la gran esperanza de la Iglesia. Un Clero
que dé testimonio evangélico de amor al pueblo, en la fidelidad a su
ministerio, en la austeridad de su vida, en la alegría y entusiasmo de
su dedicación a la labor evangelizadora, en la apasionada defensa de
la justicia y de la verdad, en la real opción por los pobres? Y nos
proponemos iniciar un perseverante esfuerzo de mejor organización
institucional que posibilite una mayor consagración personal al
ministerio sacerdotal. Esto se concretará en la mejor implementación
del Seguro Sacerdotal y en la adecuada organización económica de
la Iglesia que libere al Sacerdote de la preocupación de su sustento
personal y de la atención de todo lo necesario para la labor pastoral
de la Iglesia y sus Instituciones y Obras. Algunas disposiciones ya
han sido adoptadas y oportunamente serán hechas llegar a ustedes.
Confiamos en la escricta aplicación de las mismas.
3. Queremos anunciarles, por último, la puesta en práctica de un
servicio que ayude a lograr el anhelo y la esperanza de que más arriba
hablamos. Con el favor de Dios se iniciará en 1983 el programa de
Formación continuada del Clero. La Asamblea de Obispos aprobó el
proyecto del Equipo Nacional correspondiente, que concreta una
sentida necesidad y común anhelo, reiteradamente expuesto. Cada
dos años se tendrá, durante unas tres semanas la convivencia de
sacerdotes para la actualización pastoral, espiritual y doctrinal. En
los años intermedios se realizarán las Jornadas Nacionales, de tan
rica tradición y comprobada eficacia para la promoción de una
auténtica fraternidad sacerdotal.
No creemos que haya fórmula perfecta para la consecución del
objetivo propuesto. Tampoco pensamos que sea la nuestra una manera
óptica de hacerlo. Pero se ha pensado mucho y se consultó
suficientemente. Parece conveniente iniciar ya la tarea, y la misma
experiencia irá señalando los correctivos que sean necesarios.
Al anunciar, en consecuencia, la puesta en vigencia del Programa de
Formación Permanente del Clero- cuyos detalles serán oportunamente
comunicados - hacemos un cordialísimo llamado a todos los
Sacedotes para la animosa y entusiasta respuesta. De ustedes depende
la realización del proyecto. De ustedes depende su paulatino
mejoramiento. De ustedes depende, en fin, el fortalecimiento de
nuestra Iglesia y de su capacidad evangelizadora a través de este
emprendimiento importantísimo. Justificado está el conjunto de
esfuerzos y sacrificios que demande la empresa.
Hermanos en el Sacerdocio y amigos queridos: terminamos esta carta
con una palabra de sincero reconocimiento por todo lo que ustedes
hacen y por el generoso espíritu de colaboración que nos demuestran.
Les deseamos un nuevo año colmado de bendiciones del Señor.
Pedimos a la Virgen María, Madre de la Iglesia y Reina del Clero, su
poderosa intercesión en favor de todos ustedes.
De corazón les bendecimos los Obispos del Paraguay.
Asunción, 31 de Diciembre de 1982
Por mandato de la Asamblea Plenaria
+ Jorge Livieres Banks
Obispo Auxiliar de Asunción y Secretario General de la CEP