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Misión de nuestra Universidad Católica en la Evangelización de la Cultura. 15 de Agosto de 1985

Misión de nuestra Universidad Católica en la Evangelización de la Cultura

A las autoridades y a los miembros de la comunidad de la
Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción.
A los constructores todos de nuestra sociedad.


INTRODUCCIÓN
Al cumplirse veinticinco años de la fundación de la Universidad
Católica "Nuestra Señora de la Asunción", deseamos, como
responsables de su alto gobierno, acentuar su misión en la
evangelización de la cultura conforme a su naturaleza y fines, a las
enseñanzas actuales de la Iglesia y a las necesidades de nuestro pueblo.

Agradecemos a Dios Padre, dador de todo bien, a su Hijo, Jesucristo,
nuestro Salvador, Señor y Maestro, al Espíritu Santo, de verdad y
amor, y a la Virgen María "Nuestra Señora de la Asunción", por los
beneficios que deparó y sigue deparando a la Iglesia y a nuestro país
la vida de esta Institución.

Cuando nuestros predecedores en la Conferencia Episcopal Paraguaya
(CEP) expidieron el Decreto de fundación de la Universidad Católica,
invocaron "la necesidad de que en el Paraguay tengamos ya una
Institución Católica de cultura superior universitaria, según la mente
de la Iglesia y reclaman las actuales circunstancias del país" (1).

Los pensamientos y anhelos de la CEP, expresados en su primera
Carta Pastoral Colectiva, ponen de relieve que la aparición de la
Universidad Católica constituye uno de los acontecimientos de mayor
trascendencia de la historia de la Iglesia en el Paraguay, y viene a
responder a las profundas aspiraciones y a las no perdidas esperanzas
de renovación espiritual y moral que nuestro cristiano y abnegado
pueblo alimenta en lo más íntimo de su ser (2).

Nuestra Universidad, en efecto, fue concebida y alumbrada con
identidad católica, pertenencia a la Iglesia y participación en su misión
evangelizadora de la cultura (3).

I. LA UNIVERSIDAD CATÓLICA EN EL MUNDO DE HOY
1. La Universidad Católica abre oficialmente sus puertas el 24 de
abril de 1960. Ostenta el lema que significa y sella su presente y
futuro: la Biblia abierta en el Evangelio de San Juan: "In principio
erat Verbum, al principio existía la Palabra", que subraya con la
afirmación del Apóstol Santiago: "Genuit nos Verbo veritatis, nos
engendró por su Palabra de verdad" (4)

Acontecimientos importantes sucedieron poco después en la Iglesia.
El Concilio Ecuménico Vaticano II, que se desarrolla de 1962 a 1965,
trata de la renovación interior de la misma Iglesia, con miras a cumplir

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(1) Decreto de la CEP, 13 de Febrero de 1960
(2) Cfr. Pastoral Colectiva del Episcopado Paraguayo sobre la Universidad Católica "Nuestra
Señora de la Asunción", 5 de junio de 1960, fiesta de pentecostés; Introducción, párrafo 3º.
(3) Cfr. Estatutos de la Universidad Catolica "Nuestra Señora de la Asunción", aprobados
por la CEP en su Reunión del 14/16 de Marzo de 1960; art. 1º.
(4) San Juan 1,1; Carta de Santiago 1,18.

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mejor su misión evangelizadora mediante su presencia dinámica en
el mundo de hoy. Confiere importancia a la misión que incumbe a los
cristianos por trabajar con todos los hombres en la edificación de un
mundo más humano, y sitúa a la cultura en el puesto que le
corresponde en la entera vocación del hombre (5).

En América Latina, se produce un vasto movimiento en la aplicación
de las enseñanzas del Concilio en todos los campos de la vida y misión de la Iglesia.

En lo que se refiere a las Universidades Católicas, dos acontecimientos marcan época:

- el "Seminario de expertos sobre la Misión de la Universidad Católica
en América Latina", realizado en Buga (Colombia), del 12 al 18 de
Febrero de 1967, por iniciativa del Departamento de Educación del CELAM.

- y la II Conferencia General del Episcopado Latinoamaricano,
celebrada en Medellín, del 26 de Agosto al 6 de Setiembre de 1968,
con el tema: "La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio".

Ambos acontecimientos contribuyen sobremanera a esclarecer la
situación, la naturaleza, los fines y el papel de las Universidades
Católicas en América Latina y en nuestro país.

La III Conferencia General del Sínodo de los Obispos, celebrada en
Setiembre de 1974 en la Ciudad del Vaticano, se ocupa de la
evangelización del mundo moderno. El Papa Pablo VI recoge el
Mensaje del Sínodo y regala a la Iglesia su Exhortación Apostólica
"Evangelii Nuntiandi", que da particular importancia a la
evangelización de la cultura y de las culturas.
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(5) Constitución Pastoral "Gaudium et Spes", nº 57.
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La III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano,
concebida en la línea de Evangelii Nuntiandi y efectuada en la ciudad
de Puebla de los Angeles (México), del 27 de enero al 12 de febrero
de 1979, hace una opción clara y fundamental por "la acción
evangelizadora de nuestra Iglesia Latinoamericana ha de tener como
meta general: la constante renovación y transformación evengélica
de nuestra cultura" (6). Opción y misión primordial que deberá
promover la Universidad Católica (7).

2. Iluminada y movida por estos grandes acontecimientos, la Iglesia
en el Paraguay camina al ritmo de la historia.

Inmediatamente (1969-1970) la CEP procede a la reforma de los
Estatutos de la Universidad Católica, primero con el nombre de
"Reglamentación Estatutaria" (1970), y después (1979) de "Estatutos"
propiamente dichos, hoy en vigor. Estos nuevos Estatutos resaltan la
naturaleza y fines de la Universidad Católica como servicio y
contribución de la Iglesia a la cultura paraguaya,  institución
autónoma, pluralista y democrática de cultura superior en el
acrecentamiento y transmisión del conocimiento humano por la
investigación científica y la enseñanza y la capacitación para las
profesiones liberales y técnicas. En lo que toca a su identidad católica,
acentúa el hacer efectiva y operante, dentro de la visión cristiana del
hombre y el mundo, la relación permanente entre las ciencias humana,
y la fe, la animación de toda la Institución en un profundo sentido
cristiano de la existencia y el compromiso y su integración en los
planes de la Pastoral de Conjunto (8).

A la luz del Concilio, Medellín y Puebla, la Iglesia en el Paraguay,
urgida también por circunstancias apremiantes, elabora y pone en
vigencia el Plan de Pastoral Orgánica, primero el de 1976-1978 y

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(6) Puebla nº 395.
(7) Cfr. Puebla nº 1060.
(8) Estatutos de la Universidad Católica: artículos 1º, 5º a y 7º a.

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luego el de 1981. Éste tiene por objetivo general: "Evangelizar al
hombre paraguayo en su cultura".

El Magisterio Pontificio, en especial de los dos últimos Romanos
Pontífices, Pablo VI (9) y Juan Pablo II (10), se encamina
decididamente a esclarecer el carácter católico de la Universidad
Católica frente a cierto debilitamiento y obscurecimiento.

II- DESAFÍOS DE LA REALIDAD A LA UNIVERSIDAD CATÓLICA

3. La Universidad Católica constituye hoy una compleja realidad en
plena expansión. Ha ganado un lugar importante en la vida nacional.
La demanda del número creciente de alumnos va sobrepasando ya su
capacidad de admisión y atención calificada.

Este mismo gran crecimiento, dentro de los serios condicionamientos
y retos históricos, requiere un sereno discernimiento que consolide
fundamentos, esclarezca fines y enmiende desajustes. Se evitaría así
desfiguraciones y desviaciones que pondrían en peligro la validez
misma de la Universidad Católica, y se pondrían a salvo los logros
obtenidos con tanto esfuerzo.

Deseamos que sea cada vez más eficaz el aporte específico de la
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(9) Discurso del Papa Pablo VI a los Rectores de las Universidades de la Compañía de Jesús,
6 de Agosto de 1975.
(10) Documento "La Escuela Católica", 19 de Marzo de 1977; Discurso a los Universitarios
Católicos en México, 31 de Enero de 1979; Mensaje a los Rectores y Estudiantes
universitarios en Guatemala, 7 de Marzo de 1983; Discurso a los Constructores de la
sociedad pluralista en Río de Janeiro, 2 de Julio de 1980; Discurso a los Universitarios y a
los hombres de cultura, la investigación y el pensamiento en la Universidad Complutense
de Madrid, 7 de Noviembre de 1982; etc. Tiene especial importancia la Constitución
Apostólica "Sapientia Christiana" sobre las Universidades y Facultades Eclesiásticas: aún
cuando su propósito se ciñe a ellas, señala la acción evangelizadora de la Iglesia por
medio de las Universidades Católicas.

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Universidad Católica a la Iglesia y a las aspiraciones y esperanzas de nuestro pueblo.

No nos proponemos describir ahora lo que nuestro antecesores
llamaron "los muchos años en que los errores de la inteligencia se
han enseñoreado de las mentes y los corazones de nuestra juventudes
estudiosas y aún de nuestros propios intelectuales y dirigentes; muchos
años en que la indeficiente y bienhechora luz de la verdad de Cristo
fue apagada o rechazada en nuestros medios intelectuales, en las
escuelas de todos los niveles y en la vida ciudadana" (11).

Conviene, sin embargo, por una parte, advertir, con el riesgo de lo
somero, que ciertos errores de la inteligencia y de la conducta, a
nuestro entender se revisten hoy con ropajes nuevos.

Acampan en las mentes y en los corazones, concepciones de la vida,
posturas y estructuras de las relaciones humanas que riñen con la
recta razón y la fe cristiana, como las derivadas del liberalismo
racionalista y del marxismo.

El proceso seguido por el país, sobre todo en los últimos decenios, ha
llevado progresivamente a un vaciamiento de la cultura nacional; las
relaciones sociales, económicas y políticas del país se han organizado
a espalda de la fe cristiana, la cultura y la tradiciones generadoras del
ser y de la fisonomía histórica de nuestro pueblo; la práctica opresora
de la libertad humana, de la llamada doctrina de la seguridad nacional,
ha cercenado aspectos dinámicos de la cratividad espiritual; la
dicotomía entre fe y cultura, y entre fe y vida, domina importantes
sectores de sedicentes cristianos que asumen responsabilidad del bien
común; la presión de la sociedad de consumo, cuyo valor supremo es
un materialismo práctico, no de ser más, sino de tener más a cualquier
precio, ha resquebrajado virtudes fundamentales, necesarias para una
convivencia solidaria. Este vaciamiento -provocado por estos y otros
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(11) Citada, Carta Pastoral de la CEP, 5 de Junio de 1960: Conclusión.

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factores- facilita la difusión y la recepción de propuestas religiosas,
de filosofías y de esquemas ideológicos a los cuales nuestro pueblo y
nuestras élites no habían dado hasta ahora un crédito sincero.

Ciertamente nos encontramos en tiempo de crisis de valores, de
cambios de todo tipo provocados por las transfomaciones del país.

4. Por otra parte, si nos gloriamos de que este proceso de
transformación trae beneficios innegables al país, sobre todo de orden
material, asimismo hemos de reconocer con sinceridad que no ha
corrido parejo con la construcción del tejido social y cultural.

La dignificación espiritual y moral de la persona humana, el respeto
activo a sus derechos inalienables, la seguridad de las condiciones
mínimas de una vida digna, en particular de los obreros y campesinos,
y la unión y reconciliación de la comunidad nacional todavía claman
por una vigorosa acción de conjunto.

La experiencia de estos años demuestra que los bienes y valores
perennes del hombre no se limitan a lo externo y material, sino sobre
todo radican en su interior, en su espíritu, su inteligencia y voluntad,
en los valores de la libertad, la verdad, la justicia y el amor, el diálogo
y la reconciliación. Descuidarlos o sofocarlos se paga con un precio
muy alto: la destrucción moral de la persona humana en todos los
niveles y en todas sus relaciones. Se cumple la Escritura: "El hombre
no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca de Dios" (12).

"Lo que más nos preocupa en estos momentos es el grave deterioro
moral de nuestra sociedad, la quiebra de los valores morales que
pone en peligro la estabilidad misma de la Nación... La destrucción
de la persona humana es al mismo tiempo destrucción de la sociedad
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(12)Deuteronomio 8,3.
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y es la negación de la convivencia fraterna digna del hombre, hijo de
Dios. Este deterioro de la conciencia cristiana, que se traduce en un
desprecio de la ley de Dios, es la destrucción de la paz, porque es
violación sistemática de la justicia" (13)

Aunque sea penoso admitirlo, la quiebra de los valores morales lleva
tal energía que en su expansión genera también, en alguna medida, el
deteriodo y la claudicación de las conciencias y el antitestimonio
evangélico de personas e instituciones ligadas a la Iglesia.

Pero, por grandes que sean las obscuridades que nos cubren, mayores
son las luces que abren horizontes de esperanza. Más bien se eleva
con más resonancia el clamor por la recuperación y la implantación
del pensamiento integralmente cristiano con los valores ético-morales
que tejen y vigorizan la convivencia humana. Van creciendo la
conciencia social y crítica y la disconformidad activa, particularmente
entre los jóvenes que no aceptan actitudes inauténticas, sustentadas
por mentiras y odios.

5. Sin lugar a dudas vivimos en nuestro país el anhelo de tiempos
diferentes, en que la Iglesia Católica empeñada a contribuir con su
aporte específico, conforme a la misión que le encomendara su
Fundador, como "sacramento universal de salvación".

"La Iglesia, dice el Plan de Pastoral Orgánica de 1981, debe
evangelizar los nuevos procesos para colaborar en la creración de un
nuevo orden social. Esta tarea debe realizarse en los niveles de la
evangelización de la cultura: valores, hombres, estructuras, de manera
que abarque desde el esfuerzo por sentar líneas de pensamiento de
acuerdo al Evangelio y la animación de iniciativas de elaboración
de modelos de desarrollo que respondan a la visión cristiana, del
hombre y la sociedad, pasando por esfuerzos de promoción, asistencia,
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(13)CEP: "Saneamiento moral de la Nación" nº 2 y 4.
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educación, etc., en atención tanto a la situación actual como a las
tendencias del futuro" (14).

¿Cómo evangeliza la Iglesia? La Iglesia, por la fuerza del Evangelio
y el testimonio de la comunidad cristiana, transforma y renueva desde
dentro todos los ambientes de la humanidad. "La Iglesia evangeliza
cuando trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y
colectiva de los hombres, la actividad en que ellos están
comprometidos, su vida y ambientes concretos, y de alcanzar y
transformar los criterios de juicio, los valores determinantes, los
puntos de interés, las líneas de pensamiento y los modelos de vida de
la humanidad... Lo que importa es evangelizar - no de manera
decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vila, en
profundidad y hasta sus raíces- la cultura y las culturas del hombre,
tomando siempre como punto de partida la persona y teniendo siempre
presentes las relaciones de las personas entre sí y con Dios" (15).

6. Nadie pone en tela de juicio que la persona llega a un nivel
verdadero y plenamente humano mediante la cultura. La cultura tiene
diversas acepciones e implicaciones. Tomamos el sentido que le da
el Concilio. "Con la palabra cultura, dice, se indica, en sentido general,
todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables
cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe
terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida
social, tanto en la familia como en toda la sociedad civil, mediante el
progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del
tiempo expresa, comunica y conserva en sus obras grandes
experiencias espirituales y aspiraciones que sirven de provecho a
muchos, e incluso a todo el genero humano" (16).
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(14)Plan de Pastoral Orgánica de la Iglesia en el Paraguay 1981, nº 213.
(15)Evangelii Nuntiandi, nº 19 y 20.
(16)Gaudium et Spes, nº 53.

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Ahora bien, toda verdadera cultura es humanización, mientras que la
no-cultura y las falsas culturas son deshumanizadoras. Su ambiente
propio es la libertad. Fuera de la libertad no puede haber cultura. La
verdadera cultura de un pueblo, su plena humanización, no puede
desarrollarse en un régimen de coerción, y sin una clara formación
moral, la educación en las virtudes que determinan la vida individual,
social y religiosa. "No hay duda de que la dimensión primera y
fundamental de la cultura es la sana moralidad: la cultura moral" (17).

"La ruptura entre el Evangelio y la cultura es sin duda alguna el drama
de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas. De ahí que
hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa
evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas. Estas
deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva. Pero
este encuentro no se llevará a cabo si la Buena Nueva no es proclamada" (18).

III - LA MISIÓN EVANGELIZADORA DE LA IGLESIA Y LA UNIVERSIDAD CATÓLICA
7.  A estos desafíos, la Iglesia responde con su misión evangelizadora,
que se organiza a través de una pastoral de conjunto. Equivale hoy
ésta al "Plan de Pastoral Orgánica de la Iglesia en el Paraguay 1981"
Compete a la CEP "disponer la integración de la Universidad Católica"
en esa pastoral orgánica (19).

El objetivo general de ese Plan de Pastoral Orgánica se enuncia así:
"Evangelizar al hombre paraguayo en su cultura,  con opción
preferencial por los pobres y con una acción planificada y orgánica
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(17)Encuentro de Juan Pablo II con los hombres de cultura en Río de Janeiro, 1 de Julio de 1980.
(18)Evangelii Nuntiandi, nº 20.
(19)Estatutos de la Universidad Católica: art. 5º a)

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para la edificación de una comunidad eclensial testimonial y
misionera, que celebra la salvación y está presente en el nacimiento
de los nuevos tiempos, animando la formación de una sociedad más
justa, fraterna y abierta a Dios" (20).

Esta única acción evangelizadora se proyecta en cuatro dimensiones:
una dimensión comunitaria, una dimensión profética doctrinal, una
dimensión litúrgica y una dimensión histórico-cultural.
Sin soslayar las tres primeras, que fundamentan el "carácter católico"
de nuestra Universidad Católica en su naturaleza y fines,  la dimensión
histórico-cultural  la compromete en su misión de evangelización de la cultura.

Conlleva, en efecto, la presencia efectiva de la Iglesia en el espacio
de creación y de difusión cultural, donde se gestan, critican y
comunican valores cuya impregnación con el Evangelio de Cristo se
pretende (21). Pues se encamina a asegurar la presencia de la
comunidad eclesial en el proceso histórico de nuestra Nación, llevando
al pueblo cristiano a asumir desde la fe la liberación y promoción
humana de nuestro pueblo. Esta dimensión comprende el desafío para
los cristianos en la construcción de una sociedad más justa, libre y solidaria".

La dinamización evangelizadora de la estructura educativa de la
Iglesia, en especial de nuestra Universidad Católica, adquiere, por
ello, una importancia singular e implica una tarea insubstituíble.
El marco del Plan de Pastoral Orgánica la ubica en su eclesialidad de
Institución Católica y la potencia en su dinamismo en la
evangelización de la cultura o, mejor dicho, de nuestra cultura paraguaya.
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(20)Plan de Pastoral Orgánica de la Iglesia en el Paraguay 1981, nº 208.
(21)Crf. Ibid. nº 217.

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8. Esta preocupación de la CEP no es nueva.

Hace unos años escribíamos al Rector de nuestra Universidad
Católica: "El sano pluralismo y el debido respeto a las personas no
deben llevar en ningun caso a una actitud indefinida o que mimetice
la clara confesión católica de nuestra Universidad. Debe mantenerse
intacto el carácter católico so pena de perder su misma razón de ser"
(22). Acertadamente se afirmó: "Lo católico" de una Universidad
Católica no puede reducirse a mero abjetivo, a algo yuxtapuesto; "lo
católico" de la Universidad Católica ha de ser  su inspiración, su
alma" (23). Lleva el nombre de "católica", no sólo para distinguirse
de otras Universidades privadas y nacionales, sino porque,
esencialmente, conlleva su vocación y misión, su identidad propia y profunda.

Esta identidad católica ha de sostenerse hoy en un mundo pluralista.
Se trata de promover y realizar en los profesores y en los estudiantes
una síntesis cada vez más armónica entre fe y razón, entre fe y cultura,
entre fe y vida. Dicha síntesis debe procurarse no sólo a nivel de
investigación y enseñanzas, sino también a nivel educativo
pedagógico. Acorde con sus fines, la Universidad Católica tiene una
vocación irrenunciable de ser una comunidad seria y sinceramente
comprometida en la búsqueda científica, pero también caracterizada
por una vida cristiana auténtica" (24).

En su condición de servicio y contribución de la Iglesia a la cultura
paraguaya, la Universidad Católica, cuyo alto gobierno está en manos
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(22)Carta de la LXXV Asamblea Extraordinaria de la CEP 3/6 de Noviembre de 1975, al
Rector de la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción".
(23) "Universidad Católica hoy", Seminario de Expertos sobre la Misión de la Universidad
Católica en América Latina, 12/18 de Febrero de 1969, Buga (Colombia): Documento final, III-3.
(24)Cfr. Alocusión de Juan Pablo II, a los Estudiantes de las Universidades Católicas de
México, 31 de Enero de 1979; Cfr. También Documento 4 "Educación" de Medellín, nº
22; y Puebla, nº 1050-1059.

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de la CEP, pertenece a la Iglesia Católica como parte suya, y, por lo
mismo, participa de su misión evangelizadora, y asume en ella,
según su naturaleza, la responsabilidad que le señalan sus propios
fines. Razón por la cual, cabe el deber ineludible a sus miembros,
principalmente a sus directivos y profesores, de tomar viva conciencia
que pertenecen a una institución católica; de velar porque se ahonde
día a día y se manifieste de verdad su "carácter católico", y cooperar
activamente con las iniciativas y los emprendimientos que fomentan
la presencia del pensamiento católico en ella.

Su identidad católica implica también que en la enseñanza, en las
publicaciones y en todas las formas de vida académica, se guarde
con naturalidad la verdad de la doctrina católica y la comunión con
la Iglesia local. En una comunión de tal índole, de suyo se torna pronta
la disposición en secundar el magisterio de la Iglesia sobre los
principios de la fe, las leyes y normas de las constumbres, y sus
dimensiones socio-económicas y culturales. En la Universidad
Católica, formadora del hombre integral y del cristiano cabal, debe
sobresalir la experiencia viva de la conciencia recta y las actitudes
claras de la ética humana y la moral cristiana, campo en que fácilmente
se desliza la quiebra de los valores morales.

9. La perentoria necesidad de que la Universidad Católica, institución
de Iglesia, consolide, desarrolle y perfeccione su identidad católica,
presupone en nuestra visión, la necesidad igualmente fundamental
de que ella se realice plenamente en las exigencias de su naturaleza
de institución educativa. Es nuestro deseo que nuestra Universidad
Católica se convierta cada día más en una verdadera Universidad.

No puede, una Universidad que pretenda ser tal, reducirse a formar
profesionales. Esto la condenaría tarde o temprano a un inmediatismo
pragmático y mediocre. La Universidad debe necesariamente ser
cultivo serio de la ciencia. Pero no acaba aquí la misión de la
Universidad. Debe ésta también responder a los interrogantes y a las
inquietudes más profundas del hombre y de la sociedad, es decir,
debe ser centro de elaboración y de difusión de auténtica cultura. No
puede la Universidad prescindir de éste compromiso vital que
pertenece a su esencia misma.

Nuestra Universidad Católica nació para responder a las profundas
aspiraciones y a las no perdidas de esperanza de nuestro pueblo. El
compromiso con la sociedad en la que se halla inmersa y a la que sirve, le obliga:

a) a promover los valores humanos: la dignidad humana, con la
afirmación de una antropología cristiana, liberadora e integral, y la
cooperación en la vigencia de los derechos humanos y de la justicia social;

b) a auscultar, por lo mismo, las necesidades reales existentes, con el
fin de crear facultades, carreras, institutos, cursos de capacitación
técnica, etc., en vista al desarrollo de la comunidad nacional;

c) a llevar a la práctica, cada día mejor, "la opción preferencial por
los pobres", centrando su investigación, su reflexión y sus servicios
en las aspiraciones profundas del mundo pobre, y en la promoción y
elevación de obreros y campesinos;

d) a investigar y dar a conocer las peculiaridades vigentes de la cultura
guaraní y de las culturas de la etnias indígenas; de la cultura popular
y la religiosidad popular.

Nos interesa, además, sobremanera, que nuestra Universidad Católica
se integre cada vez más como comunidad de profesores, egresados,
alumnos y personal administrativo.

El espacio de libertad, que debe guardar con celoso empeño, facilita
a nuestra Universidad suscitar la respectiva responsabilidad y
participación en la vida y el quehacer universitarios, en la medida en
que las circunstancias concretas lo aconsejen.

Pluralista y democrática, dentro del  espacio de libertad  que
caracteriza, debe formar verdaderos líderes mediante un diálogo
institucionalizado entre sus estamentos constitutivos y la sociedad a la que sirve.

En vano se fijará este gran objetivo si la Universidad Católica no se
esfuerza por convertirse en una  comunidad de diálogo
institucionalizado, en el marco de su naturaleza y fines.
Pero su cometido no termina en el diálogo interno.

Debe necesariamente prolongarse en comunicación concreta, a la
sociedad en la que vive. Sin este contacto vivo no puede haber
auténtica cultura y fácilmente la ciencia se desvitaliza y la técnica se deshumaniza.

10. Servicio de la Iglesia, compromiso con la sociedad, comunidad
y diálogo demandan un plan orgánico que los canalice, integre y
acreciente en perspectiva de futuro sobre bases ya sentadas, en la
permanente adaptación de la estructura y los procesos de que se vale
la Universidad Católica para el cumplimiento de su misión.

Llega a su término en estos días el período de vigencia del Plan
Decenal de Desarrollo (1975-1985) de la Universidad Católica.

"El Plan Decenal de Desarrollo, decían sus redactores, responde a la
necesidad de una seria reflexión evaluativa de toda la Comunidad
Universitaria sobre sus logros, expectativas, dificultades y problemas,
y especialmente, para prever su reestructuración en función al
cumplimiento más efectivo de sus fines en el servicio a la Iglesia y a la sociedad paraguaya".

Durante vaivenes de acontecimientos eclesiales, universitarios, socio-
económicos y políticos, el Plan Decenal se implementó parcialmente,
aún cuando en algunos sectores alcanzó su objetivo.

Requiere, por tanto, una evaluación. Sin embargo, por necesaria que
sea esta evaluación que examine las causas de su implementación
parcial, valdría más echar una mirada, honda y objetiva, a toda nuestra
Universidad en vistas a tareas de corto y largo alcance.

De nuestra parte en cierta manera nos hemos adelantado. Durante las
deliberaciones de nuestra Asamblea de Agosto de 1984, hemos
estudiado y elaborado unas "Orientaciones de la Conferencia
Episcopal Paraguaya a la Universidad Católica Nuestra Señora de la
Asunción" (25). Para ello hemos contado con la colaboración de
representantes de la Universidad Católica y de algunos consejeros
expertos. Los Obispos deseamos que tales "Orientaciones",
detenidamente meditadas, sirvan de base a una nueva proyección
global de la Universidad Católica en los próximos años, y que la
aplicación de las mismas sea leal y regularmente evaluada por los
responsables con la Jerarquía.

IV. CONDICIONES INDISPENSABLES PARA EL
DESARROLLO DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA
.

11. Cuanto llevamos dicho exige  condiciones que aseguren y
acrecientan el carácter católico y universitario de nuestra
Universidad.
La Universidad vive y se desalrrolla en permanente dinamismo. No
condiría con ella una actitud estática, un estancamiento que la tornaría
estéril, supérflua. Se marginaría de la constante renovación de la

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(25)Orientaciones de la CEP a la Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción". Su
redacción final es de fecha 1 de Setiembre de 1984.
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Iglesia Católica y de las transformaciones de la sociedad. La
Univesidad Católica lleva en sí, como el Verbo de su lema, la
capacidad de hacer lo nuevo y renovar lo antiguo.

Su creatividad  debe nacer de sabiduría orientadora y de energía
transformadora. Excluye, por lo mismo, la "creatividad improvisada
y dispersa", muchas veces generada por impulsos del momento, o
por inducciones y presiones extrauniversitarias.

Hablamos de creatividad orgánica, de la planeada, programada y
abierta a las necesidades de la Iglesia y del país consideradas en forma
global. Esta creatividad produce diseños y modelos nuevos y audaces
experiencias que supera los esquemas obsoletos y mueven el terreno
a estructuras legítimadoras de mentiras sistemáticas e injusticias sociales institucionalizadas (26).

Se evitaría, así, la expansión sectorial y empírica, que no es fruto
de una auténtica creatividad, sino de "buenas intenciones" y de
propósito que ponen en peligro el nivel superior y la calidad científica de nuestra Universidad.

12. Por acertada cratividad orgánica con que se cuente, la experiencia
demuestra que de la actividad docente, y de la preparación de quienes
la ejercer, depende de manera fundamental, el éxito de la empresa universitaria.

Los Estatutos de nuestra Universidad exigen explícitamente
cualidades de capacidad y de vida moral a directivos y docentes. "La
autoridad competente", dice también el nuevo Código de Derecho
Canónico, "según los estatutos deben procurar que, en las
universidades católicas, se nombren profesores que destaquen no sólo
por su idoneidad científicas y pedagógica, sino también, por la rectitud
de su doctrina e integridad de vida" (27).

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(26)Cfr. Puebla nº 1054 y 1062; nº 87 al 90.
(27)Código de Derecho Canónico, canon 810, 1.
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Reconocemos sinceramente el espíritu de sacrificio y entrega de
muchos directivos y profesores, que de verdad aman su misión en la
Universidad Católica, y cumplen con eficacia y competencia sus tareas.

Una parte de la confianza depositada en nuestra Universidad Católica
proviene de la convicción o la creencia que, por ser católica, ofrece
garantías de seriedad científica e ideoneidad moral en sus resposables.
En realidad, contiene alguna verdad. Porque, si nos proponemos
guardar intacto el carácter católico de nuestra Institución, es necesaria
"una revisión de la figura del profesor, el cual no puede ser considerado
únicamente como un simple transmisor de ciencia, sino también y
sobre todo como un testigo y educador de vida cristiana auténtica
(28). Se suma a ello que los profesores necesitan formación y
actualización permanentes. Habría que arbitrar mayores recursos y
medios con el fin de cualificar mejor a aquellos que desempeñan
papel determinante en la validez y eficacia de nuestra Universidad Católica.

13. Entre las condiciones indispensables sobresale también la que se
relaciona con la Universidad Católica como institución educativa que
proporciona una sólida educación cristiana conforme a la doctrina y
normas de la Iglesia Católica, con el objeto de hacer efectiva y
operante la relación entre las ciencias humanas y la fe (29).

Sólida educación y efectividad y operancia de visión cristiana han de
manifestarse en la formación que significa "la animación de toda la
Institución con un profundo sentido cristiano de la existencia y del compromiso" (30).
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(28)Alocusión citada de Juan Pablo II, a los Universitarios católicos de México.
(29)Cfr. Estatutos de 1960, art. 1º b; Estatutos de 1979, art. 1º
(30)Estatutos de la Universidad Católica, 1979, art. 7º a).
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Cualquier educación, y con mayor razón la de índole de cultura
superior, integralmente cristiana, es auténtica cuando cultiva y
desarrolla la persona humana, en un proceso progresivo de
sedimentación lenta y larga, de sus virtualidades propias.

Hacemos nuestras, a este propósito, las luminosas orientaciones del
Santo Padre Juan Pablo II: "Hoy más que nunca, dice, la Universidad
Católica esta llamada a promover en su seno un ambiente
anténticamente católico. Sienten necesidad de ello los mismos
profesores y sobre todo los jóvenes. Es necesario crear aquella
atmósfera en la que los jóvenes se sientan sinceramente atraídos a
seguir a Cristo, a amarlo y presentárselo a los demás. Precisamente
en el seno de la Universidad Católica, deben los jóvenes adquirir o ,
si ya lo han adquirido, cultivar un estilo de vida auténticamente
cristiano, sentir la seriedad de su profesión, el entusiasmo de ser, el
día de mañana, líderes cualificados, testigos de Cristo en los puestos
en los que deberán desarrollar su profesión. La juventud, si se cultiva
como es debido, no deja de responder con toda la seridad de su entrega.

Pero hay que presentarle la visión total, "católica", de todas las
realidades humanas a la luz de Cristo, única respuesta suprema porque
es el Verbo de Dios quien interpela al hombre, le dirige palabras
de vida eterna (cfr. Jn. 6,68) y lo coloca cara a cara con sus grandezas,
sus deberes y sus responsabilidades. La Universidad Católica es
evidentemente el lugar privilegiado en el que debe ayudarse al joven
a encontrar la posibilidad de realizar una síntesis global, que será,
tanto para él como para los demás, manantial de luz fecunda para toda la vida.

Pero es necesacio comprometerse, es necesario trabajar, es necesario
actuar con paciencia y con amplitud de miras" (31).
14. El carácter católico de nuestra Universidad reclama, por
consiguiente, una Acción Pastoral Universitaria  que abarque la
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(31) "La Misión de la Universidad Católica", discurso de Juan Pablo II a los Rectores de las
Universidades de la Compañía de Jesús, 6 de Agosto de 1975, apartado IV.
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formación académica y científica, así como la animación cristiana de
la vida universitaria.

Como Pastoral de la Inteligencia o de la Cultura comporta, entre
otras cosas, enseñanza sistemáticas:

- de principios suficientes de la teología que "traten sobre todo las
cuestiones teológicas que están en conexión con las materias propias" universitarias (32);

- del conocimiento ordenado de las Sagradas Escrituras,
principalmente del Nuevo Testamento;

- de la doctrina Social de la Iglesia, en su incidencia en América
Latina y en nuestro país;

- de la ética y de la mora cristiana;

- y de una iniciación a la abertura en descubrir y aceptar, a la luz de la
fe, en los acontecimientos humanos, "los signos de los tiempos",
indicadores de los designios salvíficos de Dios, en la historia; y en
servir a los otros como hermanos.

Como  Pastoral sacramental o litúrgica,  ha de promover
comunidades vivas al servicio de toda la comunidad universitaria
que tiene derecho a que se le proporcione momentos apropiados para
la vivencia comunitaria de su fe cristiana. La participación, consciente
y activa, en los sacramentos, en particular de la reconciliación y de la
Eucaristía, alimentarán y desarrollarán el amor a Dios y al prójimo,
la corresponsabilidad y una real y activa paz, expresión de la
comunidad cristiana, de toda la comunidad universitaria.

Ya en el plano de los agentes pastorales y su cometido, es evidente
que la Pastoral Universitaria debe encarar la formación adecuada de
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(32)Código de Derecho Canónico, canon 811, 2.
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agentes idóneos; la planificación y programación de cuanto es propio
de su responsabilidad, y la organización y coordinación del diálogo y
colaboración entre los diversos movimientos y asociaciones de
apostolados de los laicos que trabajan en el ámbito de la Universidad.

Es claro, según queda dicho, que este importantísimo cometido no
puede ni debe reducirse solo al Departamento de Pastoral Universitaria
o a la ayuda del Instituto Superior de Teología - ojalá convertido un
día no lejano en Facultad de Teología - , sino se extiende y obliga a
los directivos, profesores y funcionarios, y a los propios alumnos.

Esto supone una revisión de la actual Pastoral Universitaria en la
profundidad y amplitud de su cometido en:

- la extensión de la enseñanza teológica y bíblica moral y social, a
todos los cursos de las facultades y carreras terminales;

- la organización y formación de un número suficiente de sacerdotes,
religiosos, religiosas y laicos;

- el establecimiento de un espacio jurídico bien definido dentro de
los cuadros universitarios, y

- el contar con medios adecuados y condiciones físicas apropiadas.
Supone principalmente una asunción más directa de la CEP, de la
Comisión Episcopal para la Universidad Católica, y de cada uno de
los Obispos que tienen unidades pedagógicas o carreras y cursos en
sus juridicciones, de su responsabilidad en "promover una intensa
atención pastoral para los estudiantes" (33).
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(33) Ibid, canon 813.
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CONCLUSIÓN

Al concluir las reflexiones que sinceramente compartimos con Ustedes
sobre el presente y el futuro de nuestra Universidad Católica,
anhelamos vivamente que sean guardados intactos y progresen de
día a día sus objetivos fundacionales.

Bien sabemos que una verdadera Universidad Católica requiere
renovación constante, de acuerdo con la presencia activa de la Iglesia
en el mundo de hoy; hállase obligada a dar respuestas acertadas a los
desafíos culturales que se le presenten; mostrar definida y dinámica
su identidad católica y universitaria, y acrecentar, para ello,
condiciones indispensables, a saber: creatividad orgánica, calidad
científica y moral de directores y docentes, sólida educación cristiana
y completa pastoral universitaria.

Constituye, por lo mismo, un empeño que nos compromete a todos.
De nuestra parte nos proponemos atender y acompañar mejor la vida
y desarrollo de la Universidad Católica, como "opción clave y
funcional de la evangelización" y "vanguardia del mensaje cristiano"(34).

Exhortamos, pues, a los responsables de su conducción y desarrollo,
y a los constructores de la sociedad, a que participemos y colaboremos
juntos en esta magna empresa de bien común, a fin de que la
Universidad Católica "Nuestra Señora de la Asunción" sea siempre
de verdad un servicio válido de la Iglesia a la cultura paraguaya.
Que el Verbo Dios Padre, Jesucristo Nuestro Señor y Salvador, la
ilumine y vivifique con su Espíritu de verdad, amor y paz, y la Virgen
María, Nuestra Señora de la Asunción, la cobije con su amparo maternal.
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(34)Puebla nº 1055 y 1058.
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15 de Agosto de 1985. Fiesta de la Santísima Virgen María,
Nuestra Señora de la Asunción

Por mandato de la Asamblea Plenaria

+ Jorge Livieres Banks
Obispo Auxiliar de Asunción y Secretario General de la CEP

11/10/2010

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