Sobre la visita Ad Limina Apostolorum. 15 de Setiembre de 1989
Carta Pastoral
Sobre la visita Ad Limina Apostolorum
A los sacerdotes del clero secular y regular;
A los miembros de comunidades religiosas
e instituciones de vida consagrada;
A los laicos que militan en movimientos y comunidades de base;
A todos los creyentes y hombres de buena voluntad:
Ni el tiempo trascurrido ni los importantes acontecimientos de la vida
nacional ocurridos este año, han logrado disminuir el impacto
producido en el Paraguay por la visita del Papa Juan Pablo II.
En efecto, quien más, quien menos, todos recordamos con alegría y
con emoción su presencia, sus gestos y sus palabras, su sonrisa
inalterable y su bendición tan paternal. El "Mensajero de Amor"
sigue muy presente en nuestra vida y todos creemos que su presencia
fue un gratificante regalo de la Divina Providencia a este pueblo.
Pues bien, los Obispos del Paraguay nos disponemos a viajar a Roma
para la visita Ad Límina que cada 5 años nos convoca junto al Vicario
de Cristo. Para nosotros, ésta será la oportunidad de devolver una
visita que fue tan importante para la vida de la Iglesia y del país.
Queremos, pues, compartir este acontecimiento con todos ustedes
por medio de algunas breves reflexiones.
1. EL PAPA Y LA IGLESIA
Es evidente que la persona y el ministerio del Papa en la Iglesia ocupa
un lugar muy especial. Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios
hecho hombre, inició su predicación llamando a algunos "para que
estuvieran con él y para mandarlos a predicar" como leemos en el
Evangelio de San Marcos. Entre estos hombres, el apóstol Pedro ocupa
un lugar central. El es el que debe "apacentar las ovejas" y "confirmar
en la fe a los hermanos". El lugar destacado de Pedro aparece en el
Nuevo Testamento y en la más antigua tradición de la Iglesia. De ahi
que podemos afirmar que en el grupo de los Apóstoles ocupa el primer
lugar y es cabeza visible de la comunidad creyente luego de la
ascención de Jesús a los cielos.
El Obispo de Roma, el Papa, es el sucesor de Pedro. Tiene, por eso
idéntica función: ser el principio visible de unidad de la Iglesia, ser el
Supremo Pastor que orienta y conduce la comunidad de los creyentes,
ser el maestro seguro de la verdad.
Todo esto lo hemos reflexionado cuando nos preparábamos a recibir
al Papa Juan Pablo II. Lo recordamos ahora cuando nos disponemos
a visitarlo a él, como Pastores de nuestras iglesias particulares, en
nombre de los fieles que las componen, y como miembros de nuestra
Conferencia Episcopal Paraguaya.
2. LOS OBISPOS Y EL PAPA
Nuestra próxima visita a Roma es una misión de trabajo y el
cumplimiento de un deber canónico. Se trata en primer lugar, de
fortalecer la unidad de la Iglesia universal, es decir, de cada una de
las Iglesias particulares con el Vicario de Cristo. Por eso cada 5 años
llegamos hasta él, y compartimos, siquiera por unos días, nuestra
vida de pastores con quie es el Pastor Universal. Visitamos las grandes
Basílicas para honrar a la Santísima Virgen y a los santos apóstoles
Pedro y Pablo. Celebramos la Eucaristía y rezamos con el Papa de
quien recibimos la bendición para nosotros y para nuestro pueblo. La
experiencia de esta profunda comunión es no solo un motivo de gozo
personal sino también un robustecimiento en la unidad eclesial.
En segundo lugar, esta visita tiene un claro sentido pastoral. Por eso
llevamos el informe sobre la vida, los problemas, las actividades
pastorales y los proyectos y anhelos de nuestras diócesis. Queremos
compartir con el Papa, los cardenales y sus colaboradores inmediatos,
toda esta realidad para recibir sus palabras de orientación y de aliento.
Queremos ofrecer la rica experiencia de fe de nuestras comunidades
eclesiales, de la familia y del hombre paraguayo. No dejaremos de
mencionar los problemas y preocupaciones que también forman parte
de nuestra realidad. Solo así podemos volver con renovada esperanza
a continuar la labor evangelizadora que el Señor nos ha encomendado.
3. ASPECTOS ESPECIALES DE NUESTRO PRÓXIMO VIAJE
No queremos terminar este mensaje sin subrayar algunos aspectos
especiales que tiene la visita Ad Límina de 1989.
Ya hemos mencionado que ésta será la ocasión de devolver la visita
que nos hiciera el Mensajero del Amor el año pasado. Pero también
queremos agradecer una vez más el gran regalo de la canonización
de San Roque González de Santa Cruz y Compañeros Mártires;
igualmente queremos trasmitir el afecto y el reconocimiento de la
Iglesia y del Paraguay todo por las luminosas enseñanzas que tan
generosamente derramó sobre suelo paraguayo en los inolvidables
días de su permanencia entre nosotros.
Y en circunstancias como las que vivimos, de tantas expectativas y
de no pocas preocupaciones, reafirmamos el propósito que tenemos
de trabajar por la nueva evangelización, edificando una Iglesia en
comunión y participación y animando la formación de una sociedad
más justa, fraterna y abierta a Dios. Reiteramos nuestra profunda
confianza en la estrella de la evangelización, María, cuya presencia
en la geografía de la Patria tan vivamente impresionara al Santo Padre.
Nuestra última palabra sea para asegurar a todos que no dejaremos
de recordarlos en Roma y junto al Papa. Así también les pedimos que
nos acompañen con su oración con la misma generosidad con que
nos acompañaron preparando nuestro viaje, rezando y ayudándonos
a sufragar los gastos del mismo, lo que de corazón agradecemos.
Con afecto de padres y hermanos, a todos bendecimos en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Asunción, 15 de Setiembre de 1989
Por mandato de la Asamblea Plenaria
+ Jorge Livieres Banks
Obispo-Prelado de Encarnación y Secretario General de la CEP
13/10/2010