inicio    
volver     Documentos \ Publicaciones
Share |

Mensaje de Navidad. 24 de Diciembre de 1989

Mensaje de Navidad

Introducción
1- Las orientaciones del Concilio Vaticano II que identifican las
esperanzas y angustias de los hombres con las de la Iglesia, han sido
norte de los Obispos del Paraguay durante los años sombríos y a
menudo trágicos que atravesara nuestra patria en las últimas décadas.

Esas mismas orientaciones seguirán guiando la labor eclesial en esta
nueva época en que, con inevitables ambigüedades pero con confiado
optimismo "ha cambiado la perspectiva histórica", como decíamos
en nuestro Mensaje de Febrero pasado.

2- La Navidad es época especialmente propicia para escrutar los
"signos de los tiempos" a la luz del designio de Dios sobre la historia.
Esta fecha, en efecto, marca la irrupción de Dios en la historia humana,
por medio de la Encarnación de su Hijo. Desde entonces, la dinámica
salvífica obra desde dentro del acontecer humano, por la acción del
Espíritu Santo, que impulsa a la humanidad toda al cumplimiento de
su destino último de comunión con Dios. Esta época del año invita a
echar una mirada al camino recorrido y otear el horizonte futuro.

Somos conscientes de que no es éste un año como cualquier otro,
sino que el vuelco histórico experimentado, a raíz de los sucesos de
febrero pasado, obliga a discernir con particular atención las
oportunidades y desafíos del futuro.

3- Desde una perspectiva cristiana, la historia es lugar de salvación
pero a la vez ámbito de lucha contínua contra el maligno, cuya derrota
definitiva señalará el fin de los tiempos. Entretanto, los sucesos que

hilvanan el acontecer temporal adolecen de la ambivalencia inherente
a la imperfección y finitud humanas. Es por ello que los signos de
una época deben ser vistos en su doble vertiente, distinguiendo las
señales salvíficas de los obstáculos que se oponen a la construcción
de la civilización del amor.

LOS SIGNOS DE NUESTRA HISTORIA
4- El 3 de febrero se ha iniciado, con auspiciosos presagios, un proceso
democratizador y liberalizador prácticamente inédito en nuestro país,
cuya historia ha sido pródiga en períodos de anarquía, autoritarismo
e intolerancia. Todo avance en la línea de la libertad y del ejercicio
de los derechos inherentes a la persona, supone un camino querido
por Dios. No obstante, el júbilo de la liberación despertó un cúmulo
de espectativas tal vez desmesuradas, postergadas por décadas, que
se contraponen a la dura evidencia de las posibilidades reales y los
obstáculos insuperables en el corto plazo. La atención a las
necesidades urgentes desvía el empeño de lo importante y duradero,
mientras que, en diversos sectores de la ciudadanía, no ve que la
libertad haya incidido en una mayor responsabilidad. La profusión
de aspiraciones y anhelos legítimos contrasta con la supervivencia
del quiebre de valores morales, la incoherencia y claudicación que
muestran muchos que antes pregonaron el cambio, así como cierto
desánimo y pasividad que se ve en los cristianos comprometidos.

5- Entre los signos positivos, notamos un encomiable propósito de
institucionalización de las Fuerzas Armadas, equivalente a su
despartidización y su dedicación a asegurar la soberanía territorial,
además de colaborar con las iniciativas del gobierno en la solución
de los problemas campesinos.
Por otro lado, ha desconcertado su participación en los episodios
de peligrosos enfrentamientos que pusieron en juego la estabilidad
de la convivencia.

6- Existe en la ciudadanía un genuino anhelo de ejercitar las virtudes
cívicas. Esto exige un activo y recíproco respeto y tolerancia para
poder resolver los conflictos en la medida en que las pugnas internas
en los partidos políticos se fundan más en diferencias personales,
grupales o sectoriales que en propuestas ideológicas o programáticas,
los mismos pierden su credibilidad ante el pueblo, lo cual socava uno
de los pilares básicos de la democracia representativa.

7- Luego de iniciales medidas políticas y económicas que abrieron
una perspectiva de cambios benéficos, ha sobrevenido una peligrosa
parálisis de decisiones, debida en parte a los conflictos partidarios
que se traducen en trabas a la tarea legislativa, y en no menor medida
a la pesada inercia burocrática de la administración pública. Aunque
se han dado pasos también positivos hacia una despartidización y
profesionalización de la misma, se puede afirmar que muchos
funcionarios de nivel medio y alto no logran acompañar las iniciativas
de propósitos del gobierno, y se mantienen cerrados a las necesidades
de la gran mayoría del pueblo.

8- El gobierno ha impulsado la independencia del Poder Judicial,
con medidas que han favorecido el saneamiento de la administración
de justicia. Sin embargo, el sistema judicial vigente, carece todavía
de los recursos necesarios para garantizar una justicia pronta y eficaz.
Por lo demás, es necesario comprender cabalmente el afán de
dignificar la justicia, y desechar conductas que se prestan a sospechas
acerca de presiones ajenas al ámbito judicial.

9- La ciudadanía toda ha apoyado sin reservas la decisión de encausar
y sancionar, sin espíritu de venganza, pero con todo el peso de la ley,
a quienes cometieron graves atropellos contra los derechos humanos
o se enriquecieron ilícitamente a espaldas del pueblo. Surgen
evidencias, no obstante, de que en este propósito no se ha actuado
con igual diligencia y convicción en todos los casos.

10- El gobierno ha demostrado también desde un principio una
genuina preocupación por la problemática campesina, que ha sufrido
una postergación por décadas. La intención de llevar a cabo una amplia
Reforma Agraria, ha encontrado un consenso virtualmente unánime,
aunque no sin ciertas reservas por parte de los sectores que podrían
verse afectados. Es en este aspecto donde se nota con particular
intensidad la brecha entre las espectativas y las realizaciones, sobre
todo porque la urgencia de tierras por parte de los campesinos no
responde a una ambición de lucro sino a un vital imperativo de subsistencia.

11- Los derechos de reunión y asociación, que figuraban entre los
más severamente conculcados por el régimen anterior, han tenido un
positivo impulso, traducido en la multiplicación de nuevas
agrupaciones y agremiaciones. Los Obispos del Paraguay habíamos
afirmado repetidamente la importancia de estos derechos en orden a
la reconstrucción del tejido social y de las estructuras básicas de
participación y educación práctica al civismo. No podemos dejar de
señalar, empero que estos derechos se ven aún amenazados por
restricciones a veces injustificadas, así como por la práctica
manipulativa de ciertos dirigentes, movidos por razones ideológicas o de poder personal.

12- En el campo laboral, se aprecian también notables progresos,
pese a las tensiones que producen conflictos, atribuibles a la
emergencia de reivindicaciones postergadas. Trabajosamente se van
creando los cauces, y sobre todo los hábitos de diálogo conciente a
soluciones satisfactorias para las partes. En el fuero laboral se nota
particularmente la sobrecarga de responsabilidades en proporción a
los derechos legítimos de los trabajadores, sin comprender que todo
beneficio obtenido a expensas de los mismos es éticamente ilícito y
económicamente engañoso, pues crea la ficción de eficiencia
empresarial a expensas de la parte más débil. En cuanto a los
trabajadores, la reivindicación de derechos no los debe llevar a
descuidar las exigencias del bien común.

13- En el terreno de la educación, la Iglesia abrigó también, desde el
inicio del actual proceso, un confiado optimismo. Aunque se ha dejado
sin efecto algunas prácticas arbitrarias, y se han tomado iniciativas
tendientes a recabar aportes de diversos sectores de cara a una reforma
educativa. Es preocupante que el entero sistema educativo paraguayo
experimenta un retraso de décadas, no ya con respecto a los países
más desarrollados, sino en relación a naciones de nuestro mismo
continente. Por lo demás, el contenido y los métodos educativos no
responden a la identidad nacional ni se adecuan a las exigencias de nuestra realidad.

14- En el terreno económico, las iniciales medidas de "sinceramiento"
abrieron, sin duda, un margen de entusiasmo que se tradujo en la
dinamización de la producción, y, sobre todo, en la legalización de
vastas actividades anteriormente realizadas al margen de los legal.
Los distintos órganos de la conducción económica revelan, empero,
concepciones contrastantes que impiden la realización de una política
económica coherente y eficaz.

CONSIDERACIONES SOBRE ESTA REALIDAD
15- Una lectura de los signos históricos no sería genuinamente
cristiana si no estuviera iluminada por la luz de la Revelación divina
y de la Tradición de la Iglesia, además de nuestra propia experiencia
de Pastores consustanciados con el destino de nuestro pueblo. Porque
«el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo
encarnado» (GS 22) y solo Cristo «manifiesta plenamente el hombre
al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación» (id),
nuestra mirada de Pastores busca discernir en el acontecer cotidiano la
presencia de Jesucristo, «Señor del cosmos y de la historia» (RH 1).

16- El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, constituído
"señor de la entera creación visible para gobernarla y usarla
glorificando a Dios" (GS 12), abusando de su libertad se levantó contra
su Creador, «pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de Dios»
(GS 13). Estas palabras del Concilio ponen de relieve el orígen y el
fin de toda la vida y la historia humana, la dramaticidad y conflicto
que en ella se instala como consecuencia del mal: "Toda la vida
humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por
cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas" (GS 13).

17- Estas verdades reveladas por Dios ponen de relive que el hombre
es un ser limitado y contingente, y que las realidades humanas poseen
una imperfección constitutiva que solo será resuelta en el fin de los
tiempos, pues entretanto, "el pecado rebaja al hombre, impidiéndole
lograr su propia plenitud" (GS 13).

18- Esta constitutiva imperfección de las realidades humanas se
observa, en particular, en las estructuras sociales y políticas que crean
los hombres. Una de las premisas del más craso materialismo, la de
que el cambio de las estructuras conlleva la redención del hombre,
ha infisionado, conscientemente o no, el pensamiento de los propios
cristianos, que por revelación divina debieran percatarse de las
consecuencias del pecado original, que se traduce en vicios y
antivalores que lesionan la convivencia humana fraterna. Por ello, el
empeño de forjar un sistema social o político no dispensa del esfuerzo
ético, de la conversión personal y del cultivo de las virtudes humanas.

19- Si en las últimas décadas, pese al indudable crecimiento material,
pareciera como si la evolución política y social de nuestra patria se
hubiera detenido en el tiempo, la eclosión de reivindicaciones, después
del 3 de febrero, plantean reclamos urgentes y perentorios, que se
tornan imposibles de satisfacer en el plazo y en la medida deseables.

20- Creemos que falta también, en los actores sociales, una adecuada
comprensión de la historia como proceso, lo cual implica que no todo
cambiarán de la noche a la mañana. Los cambios durables no devienen
de una simple sustitución de las personas, ni siquiera de la
promulgación de leyes, por más sabias y justas que ellas sean, sino
de la transformación de hábitos y mentalidades profundamente
arraigadas, de la conversión personal, de la reconciliación real entre
todos los paraguayos y de la consiguiente participación en el proceso que vive el país.

21- No desconocemos que la Iglesia ha sido acusada a menudo de
postergar las aspiraciones de justicia y libertad humanas en aras de
una felicidad eterna después de la vida terrena. Que ciertas
orientaciones y prácticas pastorales hayan incurrido en distorsiones
puede atribuirse a la limitación de los instrumentos humanos, pero
ello no puede desviar la razón del hecho de que la plenitud del destino
humano no será nunca lograda en este mundo, aunque la salvación
prometida por Dios no se contrapone, sino que exige el esfuerzo de
construcción de una convivencia justa, fraterna y solidaria.

22- Tal vez la larga noche de la opresión que todos sufrimos, haya
sido la causa de que consciente o inconscientemente asumiéramos la
esperanza de que todos nuestros problemas sociales, políticos y
económicos se resolverían con el fin de la dictadura. Hemos perdido
de vista una verdad fundamental, la de que la convivencia humana
descansa sobre los presupuestos ajenos al mero consenso o a la
concertación social. Si esto es verdad para cualquier sistema político,
lo es en particular para la democracia, pues la libertad e igualdad que
ella pretende consagar descansa sobre las premisas de la irreductible
dignidad humana, derivada de su condición de criatura divina.

23- La revolución francesa, cuyo segundo centenario se ha
conmemorado este año, se basó inicialmente en la triple consigna de
"Libertad, Igualdad, Fraternidad". En el ardor de las cruentas luchas
que siguieron, y en la evolución posterior de las instituciones
democráticas, el tercer elemento de ese trinomio, la fraternidad, fue
progresivamente olvidado, soslayado y hasta despreciado,
reduciéndose la meta del régimen democrático a la realización de la
libertad y la igualdad. Resulta patente empero, a la luz de la
experiencia, que ninguna de ellas puede cimentarse sólidamente si
no existe la fraternidad del semejante y querer su bien como el propio.
Ninguna doctrina o ideología humana puede dar fundamento a la
fraternidad, sino a la luz de la común filiación divina, revelada por
Jesucristo y realizada en la historia con el auxilio del Espíritu Santo.

24- Por ello, si bien la democracia exige una mutua concertación y
un consenso básico acerca de sus instituciones, no es esa concertación
la que constituye a la sociedad, sino la naturaleza social del hombre
la que exige un modo de relacionamiento, de participación y soberanía
popular sólo alcanzables por la vía democrática. Pues, "el hombre es,
en efecto, por su íntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni
desplegar sus cualidades sin relacionarse con los demás" (GS 12).

25- Todo ello nos debe llevar a un planteamiento de los conflictos
sociales y políticos que evite la absolutización de las posiciones que
entran en pugna dentro del juego democrático. Nos preocupa que la
intemperancia o empecinamiento lleven al desborde y radicalización
de actitudes, a enfrentamientos nocivos para el cuerpo social. Nos
hacemos eco de la necesidad de una concertación social colectiva
que, más modelos concretos de acción, conlleve el compromiso común
de canalizar todos los conflictos o divergencias por los cauces
institucionales o, si ellos se ven superados, por canales ad-hoc, con
el auxilio de mediadores o árbitros oficiosos. Dentro del Espíritu que
inspiró el Diálogo Nacional, la Iglesia se ofrece a colaborar, en lo
que sea posible, para encausar y orientar positivamente en los
conflictos que desborden los cauces normales.

26- Consideramos que una de las responsabilidades históricas
insoslayables de los actuales conductores de la nación es trazar el
rumbo futuro del desarrollo económico de la sociedad.

27- En este proceso, conviene tener en cuenta que políticas
económicas fundadas en el presupuesto de crear riqueza antes de
distribuirla, no siempre han tenido éxito en la promoción del
crecimiento material; aún obteniéndolo, han resultado a menudo en
un aumento de las desigualdades sociales. Por otro lado, en la
actualidad, en todo el mundo las políticas económicas estatistas y
dirigistas están en franco retroceso.

28- Si bien es necesario que el estado redimensione su presencia
desmesurada en la vida social y económica, el mismo no puede
renunciar del todo a su papel subsidiario de garantizar condiciones
básicas de justicia social y seguridad vital.

29- Se debe tener presente, además que nuestro país no es una isla
dentro del contexto internacional, y que, subsistiendo las
desigualdades e injusticias dentro del orden económico mundial, su
inserción dentro del mismo no puede ser una mera sumisión a los
dictados de los centros de poder económico, sino que debe poner en
primer lugar la dignidad y el bien común de los paraguayos.

30- Exhortamos por ello a la prudencia y precaución respecto a
depositar desmesuradas esperanzas en un modelo económico
determinado, pues ningún sistema garantiza de por sí la felicidad y el
bienestar de los ciudadanos.

31- Cabe subrayar aquí la enseñanza de la Iglesia, en el sentido de
que todo progreso debe subordinarse al hombre. Una tentación
frecuente es medir la eficiencia de un sistema social a través de su
capacidad productora de bienes y servicios y su utilización de
"recursos", entre los cuales el hombre se reduce a «mano de obra».
La dignidad del trabajo humano implica que el hombre nunca pueda
ser utilizado como medio para fin social, político o económico alguno,
por beneficioso que el mismo aparezca para la comunidad.

32- Desde hace más de una década, la Iglesia latinoamericana ha
asumido la misión de "evangelizar la cultura", meta expresada hoy, a
instancias del Papa Juan Pablo II, y en vísperas del medio milenio
del bautismo cristiano de nuestro continente, como "una nueva evangelización".

33- En este sentido, la Iglesia es particularmente sensible a la política
cultural y educativa, porque ella se entronca más intensamente con
su propia misión de enseñar la Verdad revelada y formar las
conciencias. La corrupción que denunciábamos ya en nuestra Carta
Pastoral "El Saneamiento Moral de la Nación" no es indiferente a la
profunda escisión operada en nuestra educación entre la instrucción
científica o técnica puramente instrumental, y el fundamento ético
de toda acción humana.

34- Tanto la educación formal impartida en las instituciones públicas
y privadas, como la entera acción pastoral de la Iglesia deben
encaminarse a superar este cisma que lleva al hombre a disociar su
conducta pública de la privada y a un progresivo envilecimiento moral.
La Iglesia compromete su esfuerzo en coadyuvar a este fin, pero pide
a las autoridades educativas una similar seriedad de propósitos que
lleve a justipreciar la magnitud de la tarea y el necesario cambio de
mentalidad que debe empezar por los más altos niveles.

LLAMADO A LA ACCIÓN
35- Los Obispos del Paraguay somos conscientes de que la nueva
etapa histórica requiere una reflexión más profunda y amplia que
lleve a dar una base sólida al provenir. Esta reflexión debe ser un
desafío para toda la comunidad nacional, pero, en cuanto a nosotros
compete, comprometemos nuestro esfuerzo en seguir iluminando con
la Palabra de Dios el rumbo histórico de nuestro pueblo, y a discernir
las exigencias éticas que devienen del designio divino para el nuevo
Paraguay que todos juntos intentamos construir.

36- En esta ocasión, nos dirigimos a nuestros compatriotas, creyentes
y no creyentes, exhortándolos a ese nacer de nuevo que implica la
conversión personal, la revisión de las propias actitudes, con limpieza
de mente, de corazón, de intenciones y sentimientos.

37- A los cristianos, en particular, llamamos a dar testimonio de la
Verdad en sus vidas, como cimiento de la justicia y del amor, del
desarrollo pleno de las virtudes cívicas, humanas y evangélicas;

38- A los laicos, tanto a aquellos insertos en comunidades parroquiales
o en grupos apostólicos, como a quienes no militan activamente en
estructuras eclesiales, recordamos que no será posible impregnar de
valores cristianos los organismos sociales y las instituciones políticas
y económicas, sin su participación activa y decisoria en las mismas;

39- A quienes están investidos de poder y responsabilidad en el orden
político, económico, jurídico y social, exhortamos a reconocer que
siendo Dios mismo fuente de toda autoridad, deben actuar según las
exigencias de justicia y equidad que devienen del designio divino.

40- A los responsables de los medios de comunicación social, que
han cumplido papel tal relevante en los esfuerzos por la vigencia de
la democracia y la libertad, señalamos que la consolidación y
maduración de las mismas requieren una correlativamente mayor
responsabilidad como formadores y portavoces de la opinión pública,
y un irreductible compromiso con la verdad y la honestidad.

41- Al recordar el anuncio del Angel a los pastores de Belén, «Paz a
los hombres de buena voluntad», invocamos al Niño Dios para que
ilumine los corazones de todos los paraguayos, a fin de llegar a un
entendimiento pacífico, rechazando toda forma de violencia que
impida la construcción de un Paraguay más justo y fraterno. Ponemos
nuestra esperanza en la asistencia de los Santos Mártires, en la
protección de María nuestra Madre, y en la misericordia de nuestro
Padre Dios. Con nuestra bendición., deseamos a las familias
paraguayas felices fiestas de Navidad y Año Nuevo.

Asunción, 24 de Diciembre de 1989

Por mandato de la Asamblea Extraordinaria

+Jorge Livieres Banks
Obispo-Prelado de Encarnación y
Secretario General de la CEP



13/10/2010

Todos los Derechos Resevados Conferencia Episcopal Paraguaya© 2010
Alberdi Nro 782 - Teléfono: (595) 21 490-920 / 492-670
www.episcopal.org.py