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Anuncio de los Obispos del Paraguay sobre el Gran Jubileo del año 2000. Junio de 1996.

Anuncio de los Obispos del Paraguay sobre el Gran Jubileo del año 2000

A todo el pueblo creyente y a los hombres de buena voluntad:
"Y la palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros" (Jn. 1,14).

Estas palabras resuenan como un cántico de alegría y esperanza en el
umbral del tercer milenio. Es el Hijo de Dios anunciando a una Mujer
sencilla, la Virgen de Nazaret, y traído por ella al mundo en la ciudad
de Belén hace dos mil años.

El nacimiento de Jesús acontecimiento dos veces milenar, convoca a
la celebración de la fe en Aquel que "será motivo de gran alegría para
todos" el Mesías, el Señor (Lc. 2,10 ss). San Pablo escribía a los
cristianos de Galacia: "Al llegar la plenitud de los tiempos envió
Dios a su Hijo, nacido de mujer" (Gal. 4,4).

A este efecto el Papa Juan Pablo II lanza la Carta Apostólica "Tertio
Millennio Adveniente", e invita a todos los pueblos a conmemorar el
año 2000 del nacimiento de Jesús y a celebrar ese gran Jubileo.

Por eso los Obispos del Paraguay hacemos un sincero y ferviente
llamado a todos los fieles cristianos y a los hombres de buena voluntad
a aceptar esta invitación para celebrar el Jubileo.

?QUE ES UN JUBILEO?
Leemos en el Levítico: "Declararéis santo el año cincuenta, y
proclamaréis en la tierra liberación para todos sus habitantes. Será
para vosotros un jubileo; cada uno cobrará su propiedad, y cada cual
regresará a su familia" (Lev. 25.10). En esta ocasión cada israelita
recobraba la posesión de la tierra de sus padres, si eventualmente lo
había vendido o perdido al caer en esclavitud. No podía privarse
definitivamente de la tierra, puesto que pertenecía a Dios, ni podían
los israelitas permanecer para siempre en una situación de esclavitud,
dado que Dios los había "rescatado" para si como propiedad exclusiva,
liberándolos de la esclavitud en Egipto.

El profeta Isaias nos dice: "El Espíritu del Señor está sobre mi, porque
el Señor me ha consagrado, me ha enviado a dar la buena noticia a
los pobres, a aliviar a los afligidos, a anunciar a los presos la libertad
y el año de gracia del Señor?." (Is. 61, 1-2). Esta misma profesía se
cumple en Jesús (Lc. 4, 21).  El nos trae la liberación de nuestros
pecados y la plenitud de su gracia.

El jubileo es entonces para la Iglesia un tiempo de gracia, una
oportunidad para mejorar su propia condición de servidora de la
humanidad y constructora del Reino de Dios. Es un tiempo de perdón
de los pecados y de las penas por los pecados, de reconciliación entre
los adversarios, de conversiones y de penitencias sacramental y
extrasacramental. Es tambien el momento propicio para restaurar todas
las cosas y ponerlas en su lugar y ganar las indulgencias que nos
ponen en comunión con los santos.

TIEMPO DE CONVERSIÓN Y DE RECONCILIACIÓN
El año jubilar es un tiempo de conversión y reconciliación. El Santo
Padre nos dice en su Carta Apostólica: "Asi es justo que, mientras el
Segundo Milenio del cristianismo llega a su fin, la iglesia asuma, con
una conciencia más viva, el pecado de sus hijos, recordando todas las
circunstancias en las que a lo largo de la historia se han alejado del
espíritu de Cristo y de su Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez del
testimonio, de una vida inspirada en los valores de la fe, el espectáculo
de modos de pensar y actuar que eran verdaderas formas de
antitestimonio y de escándalo" (TMA 33).

A propósito del Jubileo, los Obispos hacemos un llamado insistente
sobre el valor de la conversion del corazón y de la reconciliación.
Los tantos males que nos acosan, como: el enfriamiento de la fe, la
primacía de un relativismo moral en los campos de la economía y de
la política, cuando a la mentira se le da la fuerza de la verdad, y en lo
cultural donde el placer desordenado y el hedonismo son valores
propagados por todos los medios de comunicación, interpelan a la
conciencia cristiana. Por otro lado, la carencia de techo y tierra para
muchos paraguayos hace pensar en el verdadero sentido del jubileo
bíblico. La acuciante crisis económica que hunde en la pobreza a
tantos hermanos nuestros en el campo y en la ciudad reclama una
urgente reforma agraria, y tanto otros males urgen la conversión del
corazón y la reconciliación entre las personas y los grupos politicos-sociales.

Por eso es necesario que durante el tiempo del Jubileo el cambio de
actitudes y de mentalidad, el cambio de una conciencia oscurecida
por los vicios a una conciencia recta y honesta se hagan realidad y se
constituyan en elementos eficaces contra la corrupción.

Para el creyente, la conversión y la reconciliación son los caminos
necesarios para restaurar la amistad con Dios, que es Padre
misericordioso y hacia el prójimo, que es nuestro hermano. Esos
caminos nos llevarán a la unidad y la fraternidad tan ansiadas en el
país y en la misma Iglesia.

Somos llamados, entonces, a reconocer la importancia del gran
momento que se nos ofrece, a fin de renovar nuestra vida personal y
social. La esperanza de la conversión y la reconciliación nos traerá la
gran alegría de sentirnos un solo corazón y un solo pueblo.

TIEMPO DE COMPROMISO Y DE CAMBIO
Toda celebración debe llevar a un compromiso. Por eso queremos
delinear algunos desafíos que nos comprometan durante estos años,
a fin de llegar al tercer milenio con las alforjas llenas de buenos frutos.

1. Consolidar nuestra fe cristiana a fin de fomentar la unidad en la fe
fundada en un solo bautismo y en un solo Señor, Jesucristo Salvador.

Pero es también para fomentar la unidad de todo el pueblo paraguayo,
heredero de esta tradición cristiana forjadora de nuestra misma nacionalidad.

2. La Iglesia de Cristo, peregrina en el Paraguay, está llamada a dar
un testimonio vivo de esa unidad en la esperanza y en la caridad. Por
su misma naturaleza, ella vive la comunión entre sus miembros y por
eso está llamada a ser signo de unidad en la sociedad nacional.

3. Es el momento de pensar y de actuar con eficacia, de acuerdo a la
experiencia del pueblo elegido de Dios, a fin de que las instituciones
competentes provean tierra y capacidad de explotación y el techo
necesario a quienes no los tienen.

4. Es la oportunidad de gestionar para que la deuda externa sea
condonada y que las deudas que afectan a los más pobres de nuestra
sociedad sean reducidas a las posibilidades actuales de devolución.

5. Que la justicia sea rápida y eficaz a fin de erradicar la mentalidad
de corrupción y sus causas, como también la impunidad imperante en nuestra sociedad.

6. Es el momento de motivar para que los dirigentes de nuestro pueblo
ejerzan una política efectiva y realista del bien común y que sea
aplicable para el desarrollo armonioso e integral de todo el país.

Creemos que estos compromisos nos ayudarán a vivir con entusiasmo
y esperanza el año jubilar que hoy lanzamos en su etapa de preparación
y concientización. Ponemos en manos de María Santísima y de
nuestros Santos Mártires el éxito de esta gran celebración jubilar.

A todos bendecimos con afecto paternal.
Asunción, junio de1996

Por los Obispos del Paraguay

+ Pastor Cuquejo
Obispo Castrense - Secretario General de la CEP

08/11/2010

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