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Llamado a Concertación Nacional. 7 de Mayo de 1999

Llamado a Concertación Nacional

1. En este momento coyuntural que vive el país, como Pastores, hemos
creído oportuno acompañar a nuestro pueblo, iluminando su caminar
con la mirada puesta en el proyecto de Dios sobre nosotros. La iglesia
ha estado siempre presente en los grandes acontecimientos de la vida
nacional y no puede menos de hacerla hoy en el contexto histórico
que vive el país. Los últimos hechos acaecidos, donde algunos jóvenes
han derramado su sangre, nos dan una clara idea de que queremos un
cambio real y concreto en todas las esferas de la sociedad, pero muy
particularmente en los dirigentes políticos y económicos. Se desea
un país más honesto, más justo y que rechaza y lucha contra la
corrupción, la impunidad y la violencia.

2. Después de la asunción del nuevo gobierno, nos alegramos del
renacer de una esperanza que se había perdido, de la posibilidad de
construir un Paraguay democrático, superando los diferendos políticos
engendradores de tantas divisiones, intereses y odios que minan la
armonía y la libertad entre los ciudadanos.

3. Las interacciones del co-gobierno suscitan grandes y positivas
expentativas, pero vemos con dolor que, paulatinamente, van
emergiendo intereses egoístas, destructores de los ideales de la unidad
nacional que se anhela. No debe volverse estéril, sino fecunda, tanta
sangre generosa derramada por la patria.

4.  Efectivamente, notamos que la clase política como también muchos
ciudadanos frecuentemente siguen olvidando el objetivo superior que
hace a la verdadera y aunténtica política como es la búsqueda y
concreción del bien común. A menudo se actúa a espalda del pueblo,
incluso decidiendo por él de una manera inconsulta, sin tener en cuenta
los auténticos intereses nacionales. Y así se corre el riesgo de caer en
la denuncia que hace Juan Pablo II: "ningun grupo social, por ejemplo
un partido, tiene derecho a usurpar el papel de único guía porque ello
supone la destrucción de la verdadera subjetividad de la sociedad y
de las personas-ciudadanos, como ocurre en todo totalitarismo".

En esta situación el hombre, el pueblo se convierten en ?objeto? no
obstante todas las declaraciones contrarias y las promesas verbales" (S.R., 15).

5. Se notan actitudes egoístas que manifiestan mayor interés en
conseguir y repartir puestos y cargos que el deseo de apuntar a una
idoneidad en su desempeño y a una concertación como respuesta
global y sistemática a la disgregación moral y social del Estado y la sociedad.

De esta manera, aparecen dos características: el afán de ganancia
exclusiva y la sed de poder, con el propósito de imponer a los demás
la propia voluntad. A cada una de estas actitudes podría añadirse,
para caracterizarlas aún mejor, la expresión: "a cualquier precio" con
todas sus posibles consecuencias.

6. Pedimos, por lo tanto, de un modo muy especial, a los gobernantes
de los tres poderes: "La transparencia en la administración pública,
la imparcialidad en el servicio de la cosa pública, el respeto a los
derechos de los adversarios políticos, la tutela de los derechos de los
acusados contra procesos y condenas sumarias, el uso justo y honesto
del dinero público, el rechazo de los medios equívocos o ilícitos para
conquistar, mantener o aumentar cualquier costo el poder" (V.S. 101).

7.  Reconocemos el rol preponderante que han desempeñado los

medios de comunicación social para la disfusión y esclarecimiento
de los acontecimientos del marzo paraguayo. Pero también hacemos
un llamado especial para que sean agentes transmisores de la verdad
objetiva con denuncias justas e informaciones veraces y que ayuden
a la construcción de un nuevo país infundiendo esperanza y evitando
intenciones turbias subyacentes y manipulación a las personas que confían en dichos medios.

8. Al término de la enunciación de los problemas que se vislumbran
en nuestro proceso democrático, es bueno que nos detengamos a
reflexionar el modo de como vencer estos enemigos que se avisoran en
el horizonte apoyándonos en el siguiente párrafo evangélico: "si alguno
de ustedes quiere construir una torre ?acaso no se sienta primero a
calcular los gastos, para ver si tiene con que terminarlo? De otra manera
si pone los cimientos y después no puede terminarla, todos los que lo
vean comenzarán a burlarse de él, diciendo:"este hombre empezó a
construir, pero no pudo terminarla" (Lc. 14, 27-30).

9. Llamamos entonces a los dirigentes políticos de nuestro pueblo
que, fieles al compromiso asumido en el diálogo entre gobernantes,
dirigentes politicos y obispos, antes de las últimas elecciones de mayo
de 1998, efectivicen la convocatoria y la realización de la concertación
nacional. Esta concertación nacional debe abarcar el campo ético,
político, social, donde todos, teniendo en cuenta una visión positiva
y compartida de futuro del país que queremos, puedan discernir, a la
luz de esta visión, los grandes temas puntuales. Creemos que es el
momentro oportuno para esta concertación social. Mediante el proceso
de concertación, será posible descubrir y conformar nuevos modelos
de liderazgo para los nuevos tiempos. La Iglesia se congratula con
esta realización y como en otras oportunidades, estará dispuesta a
acompañar este proceso con su experiencia basada en su misma Doctrina Social.

Esta concertación tendrá sus frutos en la medida que logremos:

a) Un cambio de mentalidad: pasar de la mentalidad autoritaria a la
democrática, para que todos tengan participación y se sientan
corresponsables de lo que se hace.
b) Un cambio de actitudes: hacer primar las actitudes justas sobre
las injustas, las de amor ciudadano sobre las venjanzas.
c) Un cambio de procedimientos:  abandonar la prepotencia, la
imposición y asumir el procedimiento de respeto y de participación
en las actividades ciudadanas; dejar el individualismo y vivir la
solidaridad, cambiar la irreponsabilidad por la corresponsabilidad y
la congestión, optar por la lucha contra la corrupción en defensa
inrrestricta de la leyes y una justicia objetiva y verdadera.

10. Muchos dirigentes y políticos han hablado de concertación y se
están dando algunos pasos en esa dirección; sin embargo todas las
propuestas están muy ligadas a la lucha por espacios de poder y no a
un pensamiento claro y compartido hacia un futuro perdurable. "En
efecto, si no existe una verdad última, la cual guía y orienta la acción
política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser
instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Una democracia
sin valores se convierte en un totalitarismo invisible o encubierto
como demuestra la historia" (V. S. 101).

11. Es momento de verdaderos sacrificios y renuncias, muy
particularmente para los cristianos católicos y especialmente para el
sector juvenil, que deben manifestar su fidelidad y su compromiso a
los valores evangélicos, no en teoría sino en la práctica, para que
sean constructores del país que queremos.

También nos dirigimos a todos los ciudadanos, sea cual fuere su
religion o ideología y les pedimos que tengan los mismos sentimientos
y deseos de colaborar en esta tarea común. Ante todo se trata de
corresponsabilidad como sistema determinante de relaciónes en el
mundo actual, en sus aspectos económicos, cultural, político y
religioso y asumida como categoría moral. Cuando la
corresponsabilidad es reconocida así su correspondiente respuesta,
como actitud moral y social y como virtud, es la solidaridad.

Solidaridad de los pobres entre sí, de los ricos y los pobres, de los
trabajadores entre sí, de los empresarios y empleados, solidaridad
entre los pueblos. La solidaridad es la determinación firme y
perseverante de empeñarse por el bien común. Esta determinación se
funda en la firme convicción de que lo que frena el pleno desarrollo
es aquel afán de ganancia y aquella sed de poder de que ya se ha
hablado. Tales actitudes y estructuras de pecado solamente se vencen
con la ayuda de la gracia divina, mediante una actitud diametralmente
opuesta: la entrega por el bien del prójimo, que está dispuesta a
entregar su vida en sentido cristiano, por el otro, en lugar de explorarlo,
y dispuesto a servirlo, en lugar de oprimirlo para el propio provecho
(cfr. Mt. 10, 40-42; 20, 25).

12. Al terminar nuestro llamado pastoral, nos hacemos eco de la
enseñanza evangélica: "Todo país dividido en bandos enemigos, se
destruye a sí mismo" (Mt. 12, 25). Pedimos buscar todos juntos la
comunión y la unidad que facilitarán la convivencia fraterna y lograr
así puntos de acuerdo entre la sociedad civil y el Estado y sobre todo
atender las necesidades más urgentes, especialmente de los sectores empobrecidos.

Centrémonos en la búsqueda de soluciones a los graves problemas
sociales acucinantes, no volviendo a distraernos en las contiendas meramente políticas.

Que la Virgen de Caacupé y San Roque González de Santa Cruz nos
acompañen en esta misión por la construcción del país.

Asunción, 7 de mayo de 1999
Por mandato de la 157a. Asamblea Plenaria Extraordinaria

Mons. Pastor Cuquejo
Obispo Castrense
Secretario General de la CEP

09/11/2010

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