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Exhortación. 9 de Marzo de 2000

Exhortación

Al término de nuestra Asamblea sentimos la gran necesidad de
dirigirnos a todo el pueblo y a los dirigentes de la nación. Queremos
expresar claramente nuestro parecer sobre el momento que vivimos:

1? Estamos llegando a límites extremos en la crisis que sacude al país
entero. Los problemas sociales y políticos, la grave crisis financiera
y económica, el drama creciente de la desocupación, la corrupción
pública y privada tienen una amplitud y profundidad que a todos nos preocupa.

Pero, más grave aún es la insensibilidad de la mayoría de quienes
debieran tener una mayor sensibilidad y responsabilidad por los cargos
que ocupan o por la función que cumplen al servicio de la comunidad.
Es evidente que el bien común y el anhelo por alcanzarlo son
superados por los intereses personales, mezquinos y sectarios de una gran mayoría.

2?  Ante esta situación los Obispos juzgamos indispensable que todos,
sin excepción, busquemos el bienentar del pueblo por encima de
soluciones transitorias y sectoriales. Estamos dispuestos a acompañar
los esfuerzos e inicitivas de todos, especialmente, de los dirigentes
políticos, de las autoridades y miembros de los tres poderes del Estado,
de todas las fuerzas vivas y de los medios de comunicación. El
momento es muy grave y todos debemos poner nuestra inteligencia,
buena voluntad, creatividad y trabajo. Solo así podremos alcanzar el anhelado bien común.

3? Ejercemos este servicio episcopal en una Iglesia profundamente
indentificada con la historia de nuestro país asumiendo sus angustias
y sus esperanzas. Amamos a nuestro pueblo y con patriotismo
procuramos servirlo promoviendo valores auténticamente humanos
y cristianos. Apoyados e impulsados por el testimonio de tantos
hombres y mujeres que dieron su vida por defender los valores patrios,
como tantos otros servidores de la Iglesia, no podemos callar los
problemas que nos angustian. No nos cansaremos de exhortar a la
búsqueda de soluciones justas y pacíficas. No pretendemos reemplazar
a nadie. Queremos, sí, asumir la responsabilidad de construir todos
juntos el Paraguay que queremos.
Nuestra esperanza está en las reservas morales de un pueblo sufrido
y austero; en la honestidad y entereza con que muchos paraguayos
viven estos momentos de crisis; con una población juvenil que también
hoy es capaz de luchar apasionadamente por causas nobles.
Finalmente, renovamos nuestra profunda convicción en Dios, nuestro
Padre, a quien pedimos su bendición e invocamos la intercesión de la
Virgen de los Milagros de Caacupé, para todos los habitantes de esta tierra.

Asunción, 9 de marzo de 2001
Por mandato de la Asamblea Plenaria

+ Pastor Cuquejo
Obispo Castrense - Secretario General de la CEP

16/11/2010

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