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Evaluación de la iniciativa del Diálogo Nacional. 9 de Noviembre de 2001

Evaluación de la iniciativa del Diálogo Nacional

Al término de nuestra 165? Asamblea Planaria, los Obispos del
Paraguay hemos reflexionado largamente y hecho una primera
evaluación de la iniciativa del diálogo nacional. Juzgamos necesario
dirigirnos a todos para compartir lo que hasta ahora podemos expresar
a propósito del emprendimiento.

1. Con esperanza nacida de la fe, los obispos hemos llamado a personas
de organismos y entidades representativas de la vida nacional.
Comprobamos la prontitud y buena voluntad con que todos los
invitados acudieron al llamado de la Iglesia.

Con sinceridad expresaron sus opiniones y presentaron sus propuestas,
no siempre coincidentes, pero siempre en un ambiente de respeto y
en un clima de búsqueda del bien común. También nuestra palabra
de reconocimiento y aprecio llega no solo a las personas que
participaron en los distintos encuentros sino también corresponde
agraceder los aportes, muy valiosos por cierto, que hemos recibido.
Todo esto nos anima a seguir buscando los acuerdos indispensables
y a insistir en la capacidad que tenemos los paraguayos de desentir
civilizadamente, de hablar y escucharnos debidamente de buscar por
encima de intereses personales y grupales, el bien de la nación.

2. Bien sabemos que miembros de otras entidades y organizaciones

que con gusto hubieran participado del diálogo no han sido
convocados. Pedimos disculpas por las omisiones que se hayan tenido
y que no es el momento de justificar.

En este primer mensaje queremos señalar algunos acuerdos básicos
alcanzados y explicar el trabajo en que estamos empeñados.
Reiteramos la confianza en obtener la colaboración de todos.
3. En el vasto panorama de preocupaciones y problemas, encontramos
que algunos son urgentes y deben ser tenidos en cuenta de inmediato.

Así se señaló por parte de muchos el combate frontal a la corrupción
y a la impunidad; la inseguridad y violencia que afecta a grandes
sectores y que llega al robo y el asesinato; sigue la lucha contra la
pobreza y la urgencia de promover una conducción firme del gobierno
en sus instancias superiores.

Hay cuestiones que deben ser inmediatamente asumidas y tratadas,
aunque no puedan ser ya resueltas. Así, la reactivación productiva
agrícola e industrial, las políticas de empleo, la racional elaboración
del Presupuesto General de Gastos de la Nación para el año 2002, y
la radical disminución o supresión del subsidio a los partidos políticos,
son algunas de estas cuestiones.

Señalamos también que hay otras cuestiones que exigen estudio y
compromiso de todos y que no podrán ser resueltas muy rápidamente.
Mencionamos, a modo de ejemplo, convicción acerca de la necesidad
de reforma de la Constitución Nacional; la profundización y aplicación
de la descentralización del país; la revisión de leyes que permitan
una reforma del Estado que no se limite a la sola privatización de
algunos entes públicos, y que en todo caso debe hacerse con profundo
espíritu de justicia y con los necesarios recaudos que impidan un
elavado costo social y el crecimiento de los mismos problemas que se quieren evitar.


4. Los obispos creemos que así como todos somos responsables, en
mayor o menor medida, de la situación crítica del país, así todos
debemos ser indispensables protagonistas en la búsqueda de
soluciones que contribuyan a cambiar el panorama nacional. Pero es
evidente, enfáticamente lo decimos, que la principal responsabilidad
esta en los Poderes del Estado. El Poder Ejecutivo debe actuar con
auténtico patriotismo y honestidad, y con coraje cívico para llevar a
la práctica el programa acordado para un gobierno de unidad nacional
que tantas esperanzas suscitar de dos años atrás.

El Poder Judicial debe asumir un liderazgo claro en el combate contra
la impunidad, y es imprwesindible que no sea politizado ni en el
nombramiento de magistrados ni en el desarrollo de sus altas
obligaciones de impartir justicia.

El poder Legislativo también debe mostrar ejemplo de procurar leyes
que promuevan el bien común. No podemos dejar de lamentar el
descrédito hacia este poder del Estado por la imagen de excesiva
sujeción a intereses politico-partidarios y hasta la fragmentación de
las representaciones parlamentarias de los partidos.

A nadie puede extrañar que estos anhelos del pueblo los expresemos
con claridad y exijamos con firmeza que sean tenidos en cuenta.
5. Queremos mencionar el nombramiento del Defensor del Pueblo.

Se cumple así, luego de prolongada espera, un mandato constitucional
y vemos en esto un signo de esperanza. Nuestro augurio se une al de
cuantos aguardan que este no sea un nombramiento burocrático más,
sino un instrumento eficaz en la tutela y promoción de los derechos humanos.

Es necesario procurar con urgencia que prontamente atendido los
pedidos generalizados y urgentes de despolitizar la atención de la
salud, la educación en todos los niveles, las grandes necesidades de

sectores más desprotegidos, como campesinos e indígenas.

6. Es evidente que hay importantes cuestiones pendientes sobre las
que se debe procurar alcanzar acuerdos y coinciencias. Los obispos
queremos señalar también la urgente prioridad de tutelar la institución
familiar; así como la justa atención de las mujeres, no solo por
constituir un elevado porcentaje de la población del país, sino por la
importancia que tiene su participación activa en la vida familiar y en
la vida pública, sin olvidar la larga tradición de eficacia en la educación
de los hijos y en la transmisión de valores fundamentales para la
salud moral y espiritural de la población.

Mencionamos también la necesaria atención del mundo joven. Un
país como el nuestro, joven y de jóvenes, necesariamente debe poner
sus mejores recursos al servicio de quienes exigen igualdad de
condiciones y de posibilidades y acceso a la educación y al trabajo
que les permita alcanzar en su tierra lo que hoy, muchas veces, deben buscarlo en el extranjero.

7. A la información y evaluación que ofrecemos, incompleta todavía
por razones obvias, queremos agregar los propósitos que nos animan.
Ya  hemos mencionado que son muchas las propuestas recibidas.
Estamos empeñados en trabajar para estudiar la posible formulación
de síntesis que integren estas propuestas y que alcancen el
indispensable consenso en quienes deben ser los principales
responsables y ejecutores de los acuerdos.

Una vez más repetimos que los Obispos no pretendemos reemplazar a nadie.

Pretendemos, sí, ofrecer este servicio y apoyar con energía la
esperanza del pueblo de ver a todos sus dirigentes comprometerse en
programas de acciones concretas.


Seguiremos invitando y promoviendo encuentros y no dejaremos de
poner el peso de la autoridad moral de la iglesia para que tales
programas sean una realidad.

Desde el primer momento dijimos que el pueblo no espera un discurso
nuevo ni un proyecto más. El pueblo aguarda, con desesperado interés,
ver en la realidad la preocupación y el esfuerzo por solucionar sus
problemas. Por eso no queremos terminar este mensaje sin hacer una
nueva apelación al patriotismo de todos, al valor cívico indispensable
para comprometernos en el trabajo por procurar un verdadero bienestar
a este pueblo paraguayo que merece días mejores. Y apelamos también
a la fe de todos, miembros o no de la Iglesia Católica. Los obispos
confiamos en la oración y en la colaboración de todos.

Renovamos nuestra súplica a la Virgen de los Milagros de Caacupé,
a la que dentro de un mes el pueblo todo acudirá en su tradicional
peregrinación, así como a San Roque González de Santa Cruz, el
paraguayo que nos enseñó a buscar el bien material y espiritural de
este pueblo derramando su sangre para lograrlo, y cuya fiesta
celebramos dentro de unos días.

Con sincero y paternal afecto, invocamos las bendiciones del Señor

Asunción, 9 de Noviembre de 2001
Por mandato de la 165a. Asamblea Plenaria

Pastor Cuquejo
Obispo Castrense - Secretario General de la CEP

17/11/2010

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