La Necesidad de un Proyecto País. 7 de Noviembre de 2003.
La Necesidad de un Proyecto País
Carta Pastoral
A los fieles cristianos miembros de la Iglesia Católica.
A los cristianos y personas de buena voluntad, en forma
especial a los pobres, a los postergados y excluidos.
A las personas en ejercicio de autoridad civil, política,
económica, social, militar y religiosa.
Cada vez que los Obispos nos reunimos en Asamblea, nos ratificamos
en el compromiso de acompañar la vida del pueblo. En esta Asamblea
de noviembre de 2003 deseamos compartir sus esperanzas y
preocupaciones, sus dolores y el íntimo y esperanzado anhelo de días
mejores. Como pastores queremos ofrecer una palabra clara y
orientadora que llegue a todos.
La revisión y evaluación de la situación nacional, según nuestra
percepción y de muchas personas de nuestras organizaciones
pastorales y de nuestro entorno, además de la visión que nos llega a
través de los medios de comunicación social y de la opinión pública,
nos mueve a compartir nuestra visión actual, nuestras preocupaciones
y temores y algunas orientaciones según nuestra misión de pastores de la Iglesia.
I. HECHOS QUE MERECEN NUESTRA ATENCIÓN
1. El comienzo de un nuevo periodo de gobierno despertó en la
población paraguaya actitudes algo dispares:
- Ciertamente, reconocemos un buen ambiente de optimismo y
esperanza de días mejores en muchos sectores de la población. Se
pueden identificar signos positivos que dan aliento a esta aptitud, tales como:
- La presencia de personas idóneas en el área económica del gobierno.
- La promesa de una lucha abierta contra la corrupción.
- La presencia directa e inmediata de las autoridades pertinentes en
los lugares donde hay problemas y se generan conflictos.
- Y una dinámica que se dedica a la atención de los asuntos públicos.
2. Dudas y expectativas
Asimismo, identificamos sentimientos de dudas y expectativas con
relación a signos que nos hablan de la persistencia de ciertos criterios
y procedimientos que fueron y son muy negativos, tales como:
- El partidismo y el grupismo; así como la corrupción generalizada,
la inseguridad, la falta de una justicia clara, rápida e igual para todos.
- Los dirigentes políticos, sociales, económicos, religiosos aún
necesitan convencer al pueblo de la validez de su misión y de la
autenticidad del ejercicio de su poder para ganarse la confianza y el
respaldo real de la ciudadanía.
3. Situación de los sectores carenciados
- Los pobres son cada vez más pobres y más numerosos: "Víctimas
de determinadas políticas y de estructuras frecuentemente injustas"
(E.A. Nro. 56); hay un aumento preocupante de la miseria.
- El problema creciente de la migración del campo a la ciudad crea
un mayor déficit de infraestructura y servicios básicos (educación,
salud, agua, vivienda, trabajo), que lleva al hacinamiento, los vicios y a los robos.
- Un gran sector campesino vive sin esperanzas y sin futuro; que
apenas sobrevive, con la práctica de la agricultura tradicional frente
a una agricultura empresarial y avasalladora.
4. El problema de la tierra
Vemos la necesidad de una Reforma Agraria integral y la revisión y
recuperación de todas las tierras malhabidas.
En este sentido, recordamos que aún falta la aprobación de la ley que
crea el organismo que debe administrar y dirigir la aplicación del
Estatuto Agrario aprobado el año pasado y que fue acompañado con
firmeza por la Conferencia Episcopal Paraguaya.
"La falta de equidad en la repartición de la propiedad de la tierra y las
políticas que causan estos desequilibrios entorpecen el desarrollo
económico" (Pontificio Consejo de Justicia y Paz, Nro. 18).
Las ocupaciones de tierra se han ido convirtiendo en un mal creciente
y en muchos casos incontrolables. En su raíz encontramos dos injusticias:
1) Los actores generalmente han sufrido una violencia
por el desinterés de nuestros gobernantes por proveerles de la
titularidad de una propiedad que por Constitución les corresponde.
2) La violencia de los ocupantes de hecho, al apoderarse de la
propiedad privada de terceros.
Directamente relacionada con el problema de la tierra y como su
expresión más grave en estos momentos, y con visos de la legalidad,
está la expulsión generalizada de sus tierras de campesinos e indígenas
por falta de políticas que permitan afincarlos y afianzarlos en sus
espacios vitales. Una de las razones de estas expulsiones es el avance
de la agroindustria y de la explotación ganadera.
5. Puerto Casado
En el caso concreto de Puerto Casado, una tierra explotada por cien
años y últimamente transferida a una entidad extranacional, sin
respetar los derechos naturales y adquiridos de una población
convertida en municipio y con opción directa al acceso a la propiedad
de una parte de esas tierras para trabajar y crecer honestamente, a
esas tierras no se les puede aplicar lo que establece el Art. 109 de la
Constitución Nacional (propiedad privada trabajada y dentro de las
dimensiones establecidas por la ley), porque ellas deben considerarse
latifundio improductivo (Art. 116, Constitución Nacional). Tenemos
que actuar con la ley en la mano y con propósito claro de defender la
causa justa de nuestros conciudadanos.
6. Otras situaciones
- Las actitudes intransigentes de algunos sectores que anteponen sus
intereses sectoriales en desmedro del Bien Común.
- Una seria crisis en la interrelación entre los Poderes del Estado.
- La fuerte y grave destrucción de nuestros recursos naturales y el
desequilibrio ecológico que ello provoca.
- La inseguridad ciudadana, ante el avance de la violencia, los robos,
la delincuencia, los asesinatos y los secuestros extorsivos.
- La amenaza que plantea el manejo oculto e inconsulto del tema
Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) por parte de los sectores oficiales.
II. FRENTE A ESTOS PROBLEMAS NECESITAMOS
- Contar con un proyecto país con un objetivo trabajado con la
participación de todos.
- Pensar en cuál es el Paraguay y qué paraguayos y paraguayas queremos.
- Reformar y cambiar el marco jurídico y legal de nuestras
instituciones y el de las garantías y derechos de las personas.
- Contar con leyes y hacer cumplir las que ya existen para poner
orden en nuestro país y evitar que los prepotentes, en sus oscuros
intereses de lucro, actúen en la marginalidad de la ley.
- Deponer actitudes sectarias para abrir y mantener espacios de diálogo
que posibiliten la consecución del Bien Común. Particular
responsabilidad tienen en este aspecto los medios de comunicación
social y cuantos trabajan en los mismos.
- Establecer una política firme y serena, sin privilegiados ni excluidos,
con vocación de sumar voluntades y dar pasos graduales para superar
la difícil situación presente.
- Promover iniciativas políticas no solo en favor de la familia, sino
también políticas sociales que tengan como objetivo principal a la
familia misma, ayudándola mediante la asignación de recursos
adecuados e instrumentos eficaces de ayuda, para la educación de los
hijos (Centesimus Annus 49).
- Promover, como instrumento de cambio, un decidido impulso a
favor de la moral pública y privada y una clara opción por el testimonio de vida.
- Contar con un plan económico para la vida del país teniendo en
cuenta la producción, la comercialización y la posibilidad real de
lograr una calidad de vida sustentable.
- Contar con los centros, los medios, los valores y las enseñanzas
necesarias para ser ciudadanos y ciudadanas respetuosos del medio
ambiente; miembros eficientes de una comunidad humana que busca
el crecimiento armónico y solidario de todos sus miembros. Por eso
mismo estamos también conscientes de "que es necesario que la
Iglesia preste mayor atención a la formación de la conciencia, prepare
dirigentes sociales para la vida pública en todos los niveles, promueva
la educación ética, la observancia de la ley y de los derechos humanos
y emplee un mayor esfuerzo en la formación ética de la clase política" (E.A. 210).
III. COMPROMISOS Y ESPERANZAS
- Pedimos a los miembros de la Iglesia que den testimonio de
pertenencia de la misma y que se les reconozca por sus obras, por su
compromiso y por sus servicios al prójimo, a sus familias, a la
comunidad y al país. Que vivan como comunidad de hijos e hijas de
Dios, que celebren su fe y vivan solidarios (cfr. Mt. 5,16).
- Pedimos al pueblo sencillo, a los pobres y marginados, de quienes
Jesús decía: "Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el
Reino de Dios" (Lc. 6,20) y por quienes la Iglesia ha hecho una opción
preferencial que, fundados en su fe y en su profunda fraternidad
cristiana, se organicen solidariamente y encuentren los caminos para
enfrentar sus dificultades (crf E.A. 58). "La solidaridad es una
exigencia directa de la fraternidad humana y sobrenatural. Los graves
problemas socio-económicos que hoy se plantean no pueden ser
resueltos si no se crean nuevos frentes de solidaridad: solidaridad
de los pobres entre ellos, solidaridad con los pobres, a la que los
ricos son llamados, y solidaridad de los trabajadores entre sí. Las
instituciones y las organizaciones sociales, a diversos niveles, así
como el Estado, deben participar en un movimiento general de
solidaridad" (Instrucción sobre Libertad Cristiana 89).
- Pedimos a los líderes de todo orden o campo de acción que recuerden
que toda autoridad y su ejercicio es un deber y un servicio al Bien
Común. Serán reconocidos por su capacidad y su honorabilidad
cuando el norte de su accionar, de sus motivaciones e intenciones
este siempre a favor del país y el bien de todos los ciudadanos y ciudadanas.
- En este sentido se ha de obviar el trato exclusivamente político que
olvida los principios éticos y los criterios legales fundamentales.
- Pedimos a las autoridades de los Poderes del Estado que recuerden
que deben ajustar su accionar al marco constitucional y que mantengan
el respecto a las institucionalidad de la República.
- Debemos apoyar y acompañar siempre los buenos proyectos y
propósitos traducidos en programas y en acciones.
IV. CONCLUSIÓN
Sabemos que este emprendimiento es de largo alcance, que no se
podrán satisfacer todos los deseos y expectativas en pocos días o en
poco tiempo, pero lo que todos valoramos y apreciamos es la
intencionalidad y los pasos dados en orden al ideal de bienestar, de
justicia, de libertad, de seguridad y de solidaridad. Aún así
reconocemos que existen problemas que requieren una inmediata
atención y solución, los cuales son impostergables.
Por último queremos decir que todos soñamos y queremos una
sociedad mejor, un país diferente. Recordemos y repitamos que esto
supone y exige el compromiso, el esfuerzo y el aporte de todos y
cada uno a su medida y según su responsabilidad y posibilidad.
A todos los hijos e hijas de Dios, exhortamos que eleven una oración
confiante sabiendo que nuestro Padre Dios quiere el bien de todos
sus hijos e hijas. Que la protección maternal de María Santísima nos
acompañe siempre.
San Roque González de Santa Cruz, nuestro hermano y compatriota,
que conoció este país y que lucho por su desarrollo y crecimiento,
nos anime y aliente en nuestro caminar.
7 de Noviembre de 2003
Por mandato de la Asamblea Plenaria
+Ricardo Valenzuela
Obispo Auxiliar de Asución
Secretario General de la CEP
17/11/2010