A los y las Jóvenes del Paraguay. 10 de Noviembre de 2006
A los y las Jóvenes del Paraguay
Carta Pastoral
Queridos Jóvenes:
El Paraguay es un país joven y de jóvenes. Por eso, hoy les escribimos
esta carta de amigos y de compañeros de camino. Lo hacemos como
Pastores, convencidos de que ustedes están llamados a ser dinámicos
y entusiastas constructores del Reino de Dios en la sociedad paraguaya.
Durante estos días, reunidos en la 177? Asamblea Plenaria Ordinaria,
los Obispos hemos tenido la oportunidad de revisar a la luz del
Evangelio de Jesucristo y de nuestra misión, la realidad de los jóvenes del Paraguay.
Al constatar la difícil situación que viven, queremos darles una voz
de esperanza y de aliento, porque sus gozos y esperanzas, son los
gozos y esperanzas de la Iglesia, así como sus tristezas y angustias,
son también las tristezas y las angustias de la Iglesia (cf. GS, 1).
1. Los gozos y las esperanzas
Nos alegra, ante todo, los esfuerzos que invierten en trabajar para
forjarse un futuro mejor, procurando la superación constante a través
de una buena educación en escuelas, colegios, universidades u otros
ámbitos de capacitación personal y profesional, con maestros y profesores capaces y generosos.
Nos alegra también constatar que muchos de ustedes descubren el
valor del grupo y de la comunidad, para compartir con otros jóvenes,
en la amistad, en el amor y en el servicio, sus ideales profundamente
humanos y cristianos a favor de los demás.
Nos alegra, asimismo, verlos responsables de sí mismos. Nos llena
de esperanza ver cómo crecen en la solidaridad y en la caridad,
mediante el trabajo personal y el servicio voluntario que realizan en
distintas organizaciones sociales y en la misma Iglesia en bien de la comunidad.
Queremos también mencionar y valorar de manera particular a tantos
jóvenes que trabajan y participan activamente y con alegría en la
vida de la Iglesia, comprometiéndose con sus parroquias, en las
comunidades de base, en la catequesis, en los coros, en la liturgia,
como servidores, en los movimientos apostólicos, en la Pastoral de Juventud y en otras pastorales.
Damos gracias a Dios por aquellos que responden al llamado del
Señor para servir a la Iglesia y a la sociedad desde la vida religiosa o
a través del ministerio sacerdotal. Todo dentro del pluralismo de
carismas que enriquece y fortalece la acción evangelizadora de nuestra Iglesia.
Por eso les decimos, queridos jóvenes, que no se detengan ante las
críticas de los que sólo ven errores y defectos en ustedes. A todo esto,
la mejor respuesta está en el testimonio de su vida joven al servicio
de los demás, con la generosidad, la energía, la creatividad y la alegría que les caracteriza.
2. Las tristezas, las angustias y los desafíos
Pero este panorama alentador no puede hacernos olvidar otra realidad
preocupante en la que están inmersos: los problemas que les afectan
profundamente y les produce grandes tristezas y angustias.
Constatamos el sufrimiento de tantos jóvenes que se encuentran ante
un futuro incierto, por no poder acceder a una educación que les
asegure la formación adecuada para insertarse en el mundo de hoy.
La creciente privatización de la educación superior, tanto terciaria
como universitaria, si bien ha ampliado la oferta educativa, no está a
la altura de las exigencias de una formación de calidad, que garantice
profesionales competentes para hacer frente a un escenario laboral
cada vez más complejo y exigente.
A este respecto, el desempleo es una de las grandes deudas que la
sociedad tiene para con los jóvenes. La falta de empleo y del primer
empleo es una agresión a la dignidad de las personas, porque les
obliga a vivir en un estado de dependencia sin la posibilidad de un desarrollo integral.
No son pocos los jóvenes que, a raíz de la decreciente oferta de trabajo
y de los precarios ingresos que perciben, están abandonando el país
hacia otras latitudes en búsqueda de mejores oportunidades, cayendo,
muchas veces, en peores condiciones de empleo y corriendo el riesgo
de ser explotados y de entrar en el circuito de una mayor precariedad
de vida. El desarraigo de los afectos familiares se constituye por otra
parte en un drama doloroso que enfrentan los inmigrantes, especialmente los jóvenes.
Frente a esta situación, vale la pena resaltar el rol de la familia, que
es el soporte afectivo de los jóvenes y es la primera escuela de
aprendizaje del valor de la propia identidad y del sentido de la vida.
Las familias no siempre pueden darles el hogar seguro que buscan y el
acompañamiento, afecto y contención que necesitan, lo que les lleva, en no
pocas ocasiones, a buscar refugio o escape en los vicios y en las adicciones.
Entre otros problemas muy graves que afectan a un número cada vez
mayor de jóvenes están el suicidio, la violencia en los distintos
ámbitos de la sociedad, los embarazos precoces, las enfermedades
de transmisión sexual, como la pandemia del VIH (SIDA), el limitado
e inadecuado acceso a los beneficios de la cultura y de la recreación, entre otros.
Estas situaciones requieren la intervención de todos los actores de la
sociedad, para garantizar el derecho de los jóvenes a una vida digna
y al pleno desenvolvimiento de sus potencialidades. En especial,
requiere la participación activa de ustedes, queridos jóvenes, que
están llamados a ser protagonistas de cambios para la construcción
de una sociedad mas justa y equitativa con el sector juvenil. Más que
nunca se hace necesario el diseño y el impulso de políticas públicas
de juventud para enfrentar y superar estos desafíos.
Finalmente, somos conscientes de que vivimos en un cambio de época,
caracterizado por la globalización económica y cultural. En este
contexto, estamos inmersos en el mundo de las nuevas tecnologías
de la comunicación y de la información, de la Internet, de los chips,
de los teléfonos celulares, entre otras, que están forjando un nuevo
tipo de jóvenes, con sus códigos y lenguajes, que esperan ser comprendidos y acompañados.
3. Nuestra propuesta es el seguimiento de Jesús
La misión de la Iglesia es anunciar a Jesucristo, encarnando su
Evangelio en esta realidad juvenil que nos desafía.
Y les decimos, queridos jóvenes, que Jesucristo es la respuesta a sus
angustias y aspiraciones más profundas. Él es la luz y la fuerza que
les orientará en sus proyectos de vida.
Estamos convencidos de que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho
la Iglesia, el Paraguay, necesitan la alegría y el servicio de ustedes;
la vida limpia y el trabajo, la fortaleza, y la entrega de cada uno y de todos!
Concluimos esta carta, muy afectuosa y muy sentida, queridos
jóvenes, invitándoles a ser santos y defensores inclaudicables de la
vida humana, en todas sus etapas; pues la vida es el mayor regalo que Dios nos ha dado.
Sí, sean santos, como Roque González de Santa Cruz, Alonso
Rodríguez y Juan del Castillo, que derramaron su sangre por los
hermanos. Que Jesucristo Rey y Pastor, les enseñe a servir como
ellos lo hicieron. ?Sean ustedes santos y servidores para construir el
Paraguay fraterno, solidario y justo que queremos!
Invocamos la ayuda de la Virgen de Caacupé, Madre de todos los
jóvenes, y les bendecimos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Asunción, 10 de noviembre de 2006.
Por mandato de la 177a. Asamblea Plenaria
+ Adalberto Martínez
Obispo de San Lorenzo - Secretario General de la CEP
18/11/2010