II Mensaje sobre el Diálogo Nacional. 10 de Mayo de 1987
II Mensaje sobre el Diálogo Nacional
1. UNA ETAPA QUE CULMINA Y OTRA QUE SE INICIA
1.1. A lo largo del año se desarrolló la primera etapa del Dialógo
Nacional. Se trata de poner en práctica la decisión de la
Conferencia Episcopal Paraguaya de propiciar entre todos los
sectores de opinión el análisis de los problemas del país y la
responsabilidad de todos en la solución de los mismos.
1.2. El comunicado de la CEP del 22 de enero de 1986, que
informaba sobre tal determinación, señalaba que "el proceso
será largo y árduo". Igualmente manifestaba que "una labor
como ésta supone reflexión serena y elaboración cuidadosa
de principios y bases que hagan factible la iniciativa". Por
todo eso se consideraba oportuno aclarar que "no es sano
despertar expectativas que no pueden hallar respuestas."
1.3. En la primera etapa del Diálogo Nacional se dieron los pasos
necesarios para llevar adelante el emprendimiento. En
documentos anexos a este Mensaje, se consignan la lista de
entidades invitadas y participantes; el cuestionario de consulta
y, finalmente, el listado de temas propuestos, tal como
aparecen en los aportes recibidos y respetando el texto de sus autores.
1.4. A la hora de evaluar esta etapa concluida, no puede medirse
el resultado pensando solo en las entrevistas de los distintos
organismos con el Equipo de Obispos. También deben
mencionarse la intensa difusión doctrinal, la predicación, las
campañas pastorales (Semana de la familia, Navidad en
familia, Cuaresma en familia, etc.), los novenarios de
festividades pastronales, las peregrinaciones, la Semana de
Teología, las jornadas de estudio, los encuentros, foros, mesas
redondas, paneles y entrevistas periodísticas. Citemos aún la
Semana Social Paraguaya, las Semanas Cívicas Juveniles y
otras muchas realizaciones similares. Grandes sectores de
nuestro pueblo se congregaron en torno a este emprendimiento
de la Iglesia buscando impregnar de un nuevo espíritu la vida
nacional a través de los valores y las ideas centrales de esta iniciativa pastoral.
2. LA RESPUESTA OBTENIDA
2.1. La respuesta obtenida en esta etapa de consultas, formulada
espontáneamente por gente de la más diversa extracción y de
las más diferentes situaciones y posibilidades de vida, es
reveladora de desajustes graves que producen un vivo malestar
que requiere causes de libre expresión y un serio tratamiento.
2.2. Algunos sectores, entre los que especialmente anotamos la
Asociación Nacional Republicana, Partido Colorado,
actualmente en el gobierno y numerosos sectores dominados
por él o por sus miembros, no han participado del Diálogo
Nacional. A pesar de nuestra insistente y leal invitación han
privado de su aporte a esta reflexión de alcance nacional,
responsabilidad que la hsitoria juzgará pero que constituye,
evidentemente, más que un desaire a la Iglesia, una resta al
bien común y al propio Partido, como lo demuestra los
malestares que se agravan en su propio seno.
2.3. Es también sensible y lamentable- y debemos consignarlo en
honor a la verdad que ha tomado estado público -que el miedo
engendrado por presiones y amenazas del Gobierno, haya
impedido a diversos sectores ofrecer una colaboración valiosa,
que en otras condiciones hubieran aportado abiertamente y
con preocupación patriótica.
2.4. Los Obispos buscamos interpretar objetivamente y en su justo
alcance los elementos positivos de la situación actual. Es cierto
que en los últimos 30 años se ha operado en el país una
transformación positiva, no exclusiva pero preferentemente
en el orden de las infraestructuras materiales y de la
producción de bienes económicos. Es igualmente cierto que,
para tal crecimiento colaboraron el aporte local y las
substanciales circunstancias favorables de orden internacional,
particularmente en materia económica y técnica. Estas nuevas
condiciones generales, de la vida nacional, dan origen a nuevas
perspectivas de futuro, diferentes a las del pasado. Sin duda,
en muchos aspectos, nuestro país avanza hacia adelante.
2.5. Lamentamos, sin embargo, que este crecimiento, llevado en
forma inorgánica, se haya obtenido a un precio altísimo, en
el orden político, social, económico y cultural. Este precio
hipoteca gravemente el esfuerzo de varias generaciones, lo
que ha sido reiteradamente señalado por diversos sectores en
la etapa de consulta y que en diversas oportunidades ya fuera indicado por la Iglesia.
2.6. La respesta obtenida en esta primera fase del Diálogo
Nacional revela junto a estas marcadas preocupaciones y
difíciles problemas, una viva aspiración a un estilo diferente de convivencia.
Rasgo característico de ese nuevo estilo es, en el marco de
una recuperada vigencia de los valores morales, el predominio
de un auténtico espíritu democrático, una mayor igualdad de
oportunidades - sobre todo económicas y sociales- y una
mayor participación activa de las organizaciones sociales en
el proceso nacional. Esta aspiración es perceptible en las
grandes mayorías dentro de las cuales se encuentra igualmente
grandes masas del Partido de Gobierno. Esta aspiración es
también de calificados dirigentes de entidades y organismos
de toda clase, incluyendo todos los grupos políticos sin
excepción. Por encima de banderías partidarias, se puede
discernir la gran esperanza de que esta aspiración se plasme
en realidad sin dilaciones y sin recurrir al trauma de la
violencia. Los compormisos asumidos por los participantes
expresan con firmeza este doble anhelo.
2.7. Al mismo tiempo, reflexionando sobre los aportes recibidos
en la primera etapa del Diálogo Nacional, los Obispos nos
hemos detenido en analizar las causas de la situación actual.
Pensamos que ellas no son, ciertamente, solo de orden
inmediato. Estas son, sin duda, agravantes. Pero más allá de
la responsabilidad de un régimen, de un partido o de un
dirigente, hay causas más generales y de orden estructural,
cultural e histórico, que se expresan en todas las facetas de la
vida nacional. Por eso son raras las prácticas de diálogo en la
vida familiar; por eso son frecuentes los usos y costumbres
anti-dialoguistas de la cultura popular; por eso pueden
multiplicarse los ejemplos de una tradición autoritaria. Los
obispos somos los primeros en confesar que también tenemos
parte importante en esta crisis de fondo del país, por la
insuficiente evangelización de las conciencias y de la cultura
popular que la Iglesia realizó bajo nuestra responsabilidad.
2.8. Por todo ello, si bien es indispensable proponer pasos
inmediatos y tomar algunas medidas concretas que puedan
esperanza, ciertamente no serán suficientes ni eficaces si no
afrontan los grandes temas globales señalados en la etapa de
consulta. Esto impone una visión y un propósito concertado
de llevar adelante reformas profundas, en la perspectiva de
un nuevo estilo de vida para nuestro pueblo. Pero deben
descartarse las impaciencias, las declaraciones perentorias,
las acusaciones sobre el pasado y las posturas intransigentes
con demanda maximalistas. A más de voluntad y firmeza, se
necesita una paciente, permanente e ilustrada buena fe de
todos los sectores, empezando por los políticos. El Diálogo
Nacional debe traducirse en actitudes y propuestas de
cooperación que a través de la libre determinación de las
fuerzas sociales y políticas, puedan encontrar una realización
constructiva y pacífica por canales institucionales. La
situación actual exige este esfuerzo por parte de todos los
que en esta hora podemos prestar tan relevante servicio.
3 . LA SEGUNDA ETAPA DEL DIÁLOGO NACIONAL
3.1. A este afecto, convocamos a una segunda etapa del Diálogo
Nacional. Pretendemos que a partir de los planteamientos de
la primera etapa, representantes de los distintos sectores
encuentren, en la reflexión y el diálogo, canales y causes de
expresión de ideas e inquietudes que se traduzcan en aportes
concretos a la construcción del bien común.
3.2. Esta segunda etapa se realizará en distintos momentos en los
cuales se irán priorizando determinados aspectos de la
problemática nacional. Las áreas temáticas ya definidas en la
primera etapa, a saber: problemas globales, políticos-jurídicos,
económicos, sindicales-laborales, sociales, serán analizadas
en distintas "mesas de diálogo", coordinadas por los Obispos
de la CEP. A estos encuentros serán convocados todos aquellos
sectores que habían sido invitados en la primera etapa, de
corregir la situación actual, aportando mayor alivio y mejor
acuerdo a su propia y específica condición.
3.3. Los Obispos del Paraguay confiamos en la voluntad de diálogo
del hombre paraguayo de hoy. A esa manifestación de
confianza unimos la esperanza que tenemos de alcanzar las
metas propuestas. Reconocemos que las soluciones no serán
fáciles y que el camino podrá presentar obtáculos. Pero nos
compromete y nos mueve a perseverar en este servicio a
nuestra Patria, el pensar en la juventud, en los compesinos,
en los indígenas, en los trabajadores y en todos los que, aún
viviendo momentos difíciles, son capaces de apostar al futuro de este país.
3.4. Al concluir estas reflexiones, formulamos un llamado muy
especial a los laicos cristianos. Son ellos los que por vocación
tienen la misión de construir el mundo de la realidades
temporales según el espíritu de Evangelio. Son ellos, también,
los que dan testimonio de su fe en el corazón del mundo,
procurando edificar una nueva sociedad más justa, fraterna y
abierta a Dios. Necesitamos contar con la audacia y el corage
de todos ellos para la implementación de esta etapa decisiva
del Diálogo Nacional. Confiamos en sus oraciones y
sacrificios, lo mismo que en su colaboración insustituible para
crear el ambiente adecuado y el clima sereno indispensable para esta labor.
3.5. En esta oportunidad agradecemos la especial cobertura que
en todo momento han dado los medios de comunicación a
esta iniciativa de la Iglesia. Les exhortamos a ofrecer cuanto
esté a su alcance para el desarrollo positivo de la etapa que iniciamos.
3.6. En el mensaje del 20 de abril de 1986 dijimos que el Diálogo
Nacional era, por sobre todo, un testimonio de amor a nuestro
pueblo. La Iglesia y los obispos perseverarán en esta tarea
madiadora y moderadora, con el corazón y los brazos abiertos
para recibir a todos. Una vez más decimos que no pretendemos
imponer programa alguno ni lograr ventajas o privilegios.
Solo queremos brindar nuestros servicios para alcanzar días
mejores a este pueblo al que nos debemos. Invocamos, para
ello, la intercesión de la Virgen de Caacupé.
Asunción, 10 de Mayo de 1987.
En la Domínica del Buen Pastor, Dia del Obispo
Por la Presidencia de la CEP.
+ Jorge Livieres Banks
Obispo Auxiliar de Asunción y Secretario General de la CEP
19/11/2010