El Matrimonio y la Familia. 17 de Noviembre de 1989.
El Matrimonio y la Familia
En diferentes circunstancias y de maneras diversas se ha venido
hablando en los últimos tiempos sobre el tema del divorcio vincular
en nuestro país. Si bien es cierto que ello se constituye en un problema
de importancia, se debe afirmar que existen otros problemas en nuestro
país que requieren una mayor atención porque afectan nuestra
convivencia nacional. El mismo tema del divorcio no ocupa la
atención de la mayoría de nuestra población, por lo que encuestas
rápidas en un sector reducido de personas no pueden ser considerados
como un elemento de valoración seria que refleje el sentir y la
convicción de nuestro pueblo. De todos modos, a fin de evitar
cualquier ambiguedad entre los fieles y personas de buena voluntad,
cumpliendo con un deber pastoral, los Obispos del Paraguay creemos
oportuno ofrecer algunas consideraciones que forman parte de nuestra fe cristiana.
1- La familia es una institución fundamental y un valor humano y
cristiano que contribuye a la estabilidad de la convivencia humana.
En ella, el matrimonio, llamado amoroso de Dios a dos personas que
se unen para cumplir una misión específica en la sociedad ocupa un
lugar fundamental que debemos promover, apreciar y vivir. Desde la
misma raiz de la unión del hombre y la mujer se percibe la necesidad
de la permanencia y estabilidad de la pareja humana, a fin de que ella
sirva de garantía y seguridad para la generación que nos sucederá.
Esta misma permanencia apunta al bien de los hijos, pues es sabido
que una familia bien constituida sobre la base de un matrimonio estable
y permanente nos ayudará a tener una sociedad equilibrada y participativa en el futuro.
2- Esa misma unión es permanente e indisoluble porque en ella, el
hombre y la mujer, se unen por una fuerza interior que los lleva a una
entrega total, que contribuye a la estabilidad del cuerpo social. Esto
significa que el compromiso asumido libre y conscientemente dura
toda la vida y no puede disolverse sin que ello afecte la estabilidad conyugal y el equilibrio social.
3- Por eso, las personas que se encaminan al matrimonio deberán
recibir una preparación permanente y gradual que la Iglesia y la
comunidad social deben ofrecer y que las parejas en camino al
matrimonio deben buscar y aceptar a fin de prepararse adecuadamente
para tomar una decisión por toda la vida.
4- Desde el punto de vista de fe católica, el matrimonio es un
sacramento. Dios es quien une al hombre y la mujer para que sean un
solo ser, y El mismo se une a ellos a semejanza de Cristo y la Iglesia
que están indisolublemente unidos formando una comunidad de vida y amor.
La Iglesia, fiel a esa fe que profesa, recuerda que la indisolubilidad
del matrimonio forma parte de la doctrina que todo católico está
llamado a aceptar, testimoniar y defender. Para un católico no puede
haber una separación entre la fe y la vida, entre lo que cree y lo que debe practicar.
5- La permanente influencia de una sociedad secularizada, las
poderosas corrientes del consumismo, las actitudes que relativizan
los valores absolutos y la misma fuerza del pecado, hacen que la
pareja humana se sienta muchas veces debilitada. La Iglesia no
desconoce la realidad de muchos matrimonios que sufren serias
dificultades en su relación conyugal, en su misma fidelidad y en la
práctica de su fe. Ella como Madre alienta a todos a vivir el
compromiso asumido delante de Dios y de la comunidad; les exhorta
a reavivar el amor conyugal que tiene su fundamento más seguro en
el amor que Cristo nos tiene y encarece que la consideración de casos
particulares no obscurezca los principios fundamentales de la doctrina sobre el matrimonio.
6- La Iglesia ha optado siempre por la familia, en consecuencia, por
una buena preparación y educación para el matrimonio.
Por tanto no escatimará esfuerzos en ofrecer toda la ayuda posible a
aquellos que la necesiten, y, en el curso de los próximos meses
continuará ofreciendo sus orientaciones pastorales sobre el
matrimonio y la familia, deseando contribuir de esa manera a encausar
el comportamiento coherente de la pareja, acorde con las exigencias
del bien común, de la misma fe católica y del sentir de la gran multitud
de fieles que desean vivir según el Plan de Dios manifestado en Su
Palabra y en la enseñanza de la Iglesia Universal.
Asunción, 17 de noviembre de 1989,
festividad de San Roque González de
Santa Cruz y Compañeros Mártires.
Por la Presidencia de la CEP.
+ Jorge Livieres Banks
Obispo Prelado de Encarnación - Secretario General de la CEP
19/11/2010