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Mensaje de Cuaresma. 24 de Febrero de 1994

Mensaje de Cuaresma

A los fieles cristianos y a las personas de buena voluntad:
En este tiempo de Cuaresma cuando la Iglesia se dispone a renacer
sus fuerzas espirituales por medios de la reflexión, la revisión de su
propia vida y la conversión a Dios y al prójimo, los Obispos del
Paraguay queremos hacer llegar un mensaje de optimismo y esperanza
en estos momentos críticos y difíciles que estamos viviendo.

1. Una vez más afirmamos que los problemas que afloran en las
diversas manifestaciones populares son los mismos de hace mucho
tiempo: necesidad de tierra, mejor precio de los productos agrícolas,
mejores salarios, etc., que no son aislados, ni circunstanciales, sino que afectan a todo el país.

Esto significa que las soluciones aún no han llegado a estas situaciones
que tiende a agravarse con el peligro de producir un estallido social generalizado.

Por una parte, sabemos que la institución política democrática tan
anhelada e iniciada algunos años atrás, no puede dar hoy, por si sola,
una respuesta satisfactoria a los sectores necesitados de la población
y así conseguir una convivencia social que goce de una paz auténtica.

Por otra parte, es, con todo, evidente que las instancias estatales tienen
una particular responsabilidad en promover iniciativas inmediatas
que den efectivo andamiento a soluciones justas, que no pueden seguir
postergandose.

2. Como creyentes, debemos mirar a estos problemas con los ojos de
Dios y discernirlos según su designio de Padre misericordioso.
En primer lugar, hay que reconocer que los bienes creados fueron
dados a la humanidad para ser administrados en bien de todos. Así, la
tierra como sus frutos están destinados a ofrecer el bienestar a todos
los hombres y mujeres en esta tierra. Ese bienestar significa justamente
el bien común del cual nadie debe ser marginado.

Por eso mismo, toda propiedad es un valor que está destinado a
garantizar la estabilidad económica y social de las personas y de las
familias. Asi, pues, la propiedad privada no es un valor absoluto en sí
misma, sino que está sujeta a las necesidades comunes de una sociedad
particular y debe estar orientada a satisfacer dichas necesidades.

3. Debemos preguntarnos sinceramente sobre la eficacia de nuestras
intenciones y acciones a fin de insistir en que ellas puedan ofrecer
signos de solución a los problemas de la actualidad.

En efecto, todos somos corresponsables de los destinos de nuestro pueblo.
Autoridades civiles, líderes políticos, dirigentes sociales, campesinos y
obreros, debemos buscar los medios apropiados para encontrar las
soluciones justas. El diálogo es uno de ellos, y muy importante. Por
medio del diálogo será posible explicar e interpretar mejor las necesidades
de nuestro pueblo pues sabemos que las posturas radicalizadas de intereses
opuestos llevan finalmente a choques violentos que resquebrajan cada
vez más profundamente nuestra frágil convivencia democrática. Al mismo
tiempo, se tiene que dar a las instituciones y a los Poderes del Estado esa
cuota de poder y de responsabilidad que los ponga en condiciones de
canalizar, administrar y promover el bien común por modos democráticos,
sobre todo en el respeto de los pobres.


Nuestros mejores esfuerzos deben concentrarse en adquirir y
desarrollar actitudes y acciones de saneamiento moral en nuestras
instituciones, empresas y comportamientos individuales.

Asimismo, el ordenamiento económico adecuado exige una
interpretación permamente de acuerdo a los criterios dinámicos de la
justicia social. Todos, y en especial los cristianos, tanto en el campo
laboral como empresarial, debemos tener un profunfo y esclarecido
sentido del bien común. Esta es la mejor forma de combatir la
corrupción, que corroe los ideales democráticos y el progreso humano y social.

Finalmente, exhortamos a la oración confiante, sabiendo que las luces
que necesitamos para actuar según la voluntad de Dios nos vienen
justamente de El, que es un Padre rico en misericordia.

A todos auguramos una vivencia cuaresmal plena de esperanza y
fecunda en frutos de bienestar y de paz.

Asunción, 24 de febrero de 1994

+ Mons. Pastor Cuquejo
Obispo Castrense
Secretario General de la CEP

19/11/2010

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