Mensaje con Motivo del Jubileo Penitenciario. 6 de Julio de 2000.
Mensaje con Motivo
del Jubileo Penitenciario
En ocasión de la Celebración del Jubileo del año 2000 en las
Penitenciarías del país, en coincidencia con la Celebración presidida
por el Santo Padre en Roma y la Celebración de toda la Iglesia en
todo el mundo, queremos llegar con un mensaje de amor, de
solidaridad y de compromiso con nuestros hermanos, los internos en nuestras cárceles.
Queremos llegar en primer lugar a los mismos internos para
manifestarles, una vez más, el amor y la misericordia de Dios, nuestro
Padre y la predilección de Jesús, nuestro maestro, hermano y salvador,
juntamente con luz de la fe y la esperanza cierta, como dones del Espíritu Santo.
Queremos igualmente llegar con el mismo mensaje a las Autoridades
Judiciales, a los Directores, responsables y guardianes de las
Penitenciarías, recórdandoles que estos internos son hermanos e hijos
de Dios, en una situación bien difícil, necesitados de comprensión,
de asistencia, de recuperación y de respeto hacia su dignidad de
personas para que puedan volver a creer en la bondad y la justicia de
Dios y de la sociedad y así emprender el camino de su recuperación
personal y de su reintegración activa a la comunidad humana.
También esperamos llegar a todos los fieles cristiasnos y a las personas
de buena voluntad, miembros de la Iglesia y de la Comunidad humana
nacional. Y les decimos que estos hermanos y hermanas han caído en
una desgracia y a este nivel, tal vez culpable o no culpablemente,
pero que siempre tienen la posibilidad de volver a levantarse y sobre
todo tienen el derecho a que se les reconozca y facilite esa posibilidad;
y que ojalá sea una realidad mediante nuestra oración, nuestra
solidaridad y la expresión de nuestro afecto, de nuestra confianza y
de nuestro deseo real de su reintegración total. Las condiciones
infrahumanas de las penitenciarías del país constituyen una grave
violación de los derechos humanos fundamentales de las personas,
inaceptables desde el punto de vista cristiano y humano, que el
gobierno y la sociedad tienen la obligación de reparar cuanto antes.
Por ello queremos interesar la atención y la preocupación de todos
los cristianos y de las personas de buena voluntad, que por motivo
humanitario quieren el bien de sus hermanos y hermanas para conocer
y estar cerca de la vida, de los problemas, dificultades y sacrificios
que soportan estos hermanos nuestros.
Todos decimos y sabemos que la libertad de acción, de elección y de
movilidad es un derecho humano fundamental y que, después del
don de la vida, es el don más importante que Dios nuestro Padre
regala al ser humano, y que por tanto la privación de la misma por sí
misma es un grave castigo y una gran penitencia. Pero si además
vemos el espacio, el ambiente humano, social y la organización en
que se mueven, sin las comodidades mínimas, acordes con la dignidad
humana, vemos la gravedad de esa situación.
Así que sin discutir el derecho y la obligación que tiene la sociedad,
de que a través de instituciones serias, responsables y adecuadas,
provea a la protección y la seguridad de las personas e instituciones,
quisíeramos que no se aumente, por desidia o falta de recursos
necesarios, el sufrimiento de estas personas.
La finalidad principal de recuperación de la persona que ha atentado
contra valores fundamentales de la convivencia humana o sus
instituciones, debe ofrecer oportunidades e invitación real para el
arrepentimiento y la conversión del interno, y que por el trato recibido
no se aumente su actitud de marginalidad y de odio hacia la sociedad.
El Jubileo en forma particular en esta fecha, y la acción y asistencia
pastoral de la Pastoral Penitenciaria en forma permanente, quienen
colaborar con la acción de los responsables de la dirección y del
cuidado de la casa y sus ocupantes para que entre todos busquemos
la rehabilitación de los hermanos y hermanas, mostrándoles el rostro
misericordioso y amoroso de Dios Padre y de la Virgen, nuestra madre,
y al mismo tiempo el interés de la sociedad de reintegrarlos plena y
activamente a su seno a todos estos miembros.
Ojalá todos los destinatarios de este mensaje, los internos, las
autoridades y servidores de las Penitenciarías y los fieles de las
comunidades cristianas de la Iglesia, al par que las personas de buena
voluntad que se interesan por el ser humano, por ser seres humanos
con toda dignidad, aprendamos y mostremos con nuestra conducta y
procedimientos que amamos a estos hermanos y que sincera y
honestamente queremos para ellos un trato mejor y una plena, pronta
y total reincorporación a nuestra sociedad.
Que Dios nuestro Padre tan generoso siempre en indulgencia y perdón
y de un modo extraordinario ahora en este Jubileo, juntamente con
Jesucristo, el Señor y Salvador, y el Espíritu Santo animador y
santificador de toda persona y de la Iglesia, nos asistan, bendigan y
renueven nuestra sensibilidad humana y cristiana y también nuestra solidaridad fraternal.
Que la Madre de Dios nos bendiga y asista muy de cerca a todos
nuestros hermanos y hermanas internos en las penitenciarías del país.
Asunción, 6 de Julio de 2000
Por la Presidencia de la CEP.
Mons. Pastor Cuquejo
Obispo Castrense
Secretario General de la CEP
20/11/2010