Mensaje a las internas y los internos de las penitenciarías del país. 28 de Diciembre de 2000.
Mensaje a las internas y los internos
de las penitenciarías del país
En ocasión de las celebraciones de fin de año y la clausura del año
jubilar, queremos llegar junto a todos los internos y las internas para
manifestarles una vez más el amor compasivo y misericordioso de Dios, nuestro Padre.
Llegamos a todos con un mensaje de amor, de solidaridad y de
compromiso de pastores y hermanos.
El amor de Jesucristo a los presos fue tan grande, que lo llevó a
identificarse plenamente con ellos (Mt.25, 36). Quiso quedarse preso
en todas las celdas y en todos los calabozos donde está un ser humano.
Se identificó con todo preso, con los inocentes y los culpables. Por
esta razón, el servicio a un interno y una interna es un servicio a
Jesucristo. El bajó junto a los hombres para levantar al caído y darle
oportunida para levantarse de nuevo.
La Iglesia, fiel al deseo del Maestro, se ocupa de la situación de todos
ustedes, desea que se les provea de la protección y seguridad. No
quisiéramos que se aumente por descuido o falta de recursos sus sufrimientos.
Queremos igualmente llegar con el mismo mensaje a las autoridades y
guardiacárceles para recordarles que ustedes los internos son hermanos
e hijos de Dios, en una situación muy difícil, necesitados de comprensión,
de respeto a su dignidad de persona para que puedan volver a creer en el
amor y la justicia de Dios y de la sociedad; y puedan así emprender el
camino de su recuperación personal y de su integración a la sociedad.
La privación de la libertad está establecida como medio para proteger
a la sociedad y buscar la rehabilitación de las personas caídas en
desgracia. Siempre esperamos que no se pierda de vista y del propósito
de las autoridades estos objetivos.
Vemos con preocupación las condiciones infrahumanas de las penitenciarías
del país. Son una grave violación de los derechos humanos fundamentales
de las personas, inaceptables desde todo punto de vista, y las autoridades
correspondientes tienen la obligación de remediar cuanto antes.
Después del don de la vida, la libertad es el regalo más grande que
Dios nuestro Padre da al ser humano; por tanto, la privación de la
misma, por sí misma, es un grave castigo y una gran penitencia.
Hermanos y hermanas internos destinatarios de este mensaje: En este
año de gracia, Dios ofrece oportunidades e invitación real para el
arrepentimiento y cambio de vida; el corazón del Padre recibe a cada
hombre que decide volver a EL.
Que Dios nuestro Padre, tan generoso siempre en misiericordia, de
un modo extraordinario ahora en este Jubileo, juntamente con
Jesucristo, el Señor y Salvador, el Espíritu Santo animador y
santificador de toda persona, les fortalezca en la fe y esperanza en un mundo de justicia y de paz.
Que María nuestra madre bendiga y asista con su amor maternal a
todos nuestros hermanos internos e internas en las penitenciarías del
país. Son los votos y objeto de las oraciones de los Obispos del
Paraguay para todos y cada uno de ustedes en esta ocasión de iniciar
un nuevo año y un nuevo siglo.
Con todo afecto y estima en el Señor.
Asunción 28 de diciembre de 2000
Por la Presidencia de la CEP.
Mons. Pastor Cuquejo
Obispo Castrense - Secretario General de la CEP
20/11/2010