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Carta Pastoral 2011 de los Obispos del Paraguay

CARTA PASTORAL SOBRE LA FAMILIA

HABLAN LOS OBISPOS DEL PARAGUAY

La Familia, patrimonio de nuestro pueblo y fundamento del nuevo Paraguay
?El futuro de la humanidad se fragua en la familia! (FC, 86).


Los Obispos del Paraguay queremos compartir con nuestro pueblo una reflexión pastoral sobre la familia desde la fe en la persona de Jesucristo, Hijo de Dios,  Único Salvador y Señor de la historia. Nos motiva la necesidad de renovar y animar la fe de los cristianos para que con alegría y esperanza sean cada vez más discípulos misioneros de Jesucristo. Para la construcción de un nuevo Paraguay, queremos colaborar con la sociedad en la promoción de la dignidad de la persona humana con su destino eterno, cuyo futuro se gesta en la  "familia fundada en el matrimonio" y que "es patrimonio de la humanidad" (Benedicto XVI, 13 de mayo de 2006).   

En los años anteriores hemos publicado varias cartas pastorales sobre la Familia (1963, 1973, 1996). En la del 1963 "La Familia paraguaya" hablábamos sobre la concepción cristiana del matrimonio y la familia, invitando a su reorganización humana y cristiana.

Volvemos a reafirmar su valor en el contexto de la Misión Permanente y dentro del Año de la Fe promulgado por el Santo Padre que comenzará el 11 de octubre del 2012, en el 50? aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre del 2013. 

1. La realidad de nuestras familias

Desde hace tiempo venimos comprobando los grandes cambios que afectan profundamente a la familia paraguaya, que son muy similares a otras realidades más allá de nuestras fronteras. 

Haciéndonos eco de las palabras del venerable Beato Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, al referirse  a la vida matrimonial y familiar,  nos decía que "no raras veces al hombre y a la mujer de hoy día, que están en búsqueda sincera y profunda de una respuesta a los problemas cotidianos y graves de su vida matrimonial y familiar, se les ofrecen perspectivas y propuestas seductoras, pero que en diversa medida comprometen la verdad y la dignidad de la persona humana" (FC, 4). 
                               
 En relación a la situación general de las familias en el mundo, el mismo Papa decía que "La situación en que se halla la familia presenta aspectos positivos y aspectos negativos: signo, los unos, de la salvación de Cristo operante en el mundo; signo, los otros, del rechazo que el hombre opone al amor de Dios" (FC, 6). El Paraguay no es una excepción.

El proyecto amoroso de Dios es la felicidad de sus hijos (Cfr. Mt 5, 1-10) y que se realicen en la vocación matrimonial base de la familia cristiana, ésta "fundada en el sacramento del matrimonio entre un varón y una mujer, signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su esposa, la Iglesia." (DA, 433). 

La Santísima Trinidad y la familia es comunión de amor, como dice Aparecida: "En la comunión de amor de las tres Personas divinas, nuestras familias tienen su origen, su modelo perfecto, su motivación más bella y su último destino" (DA, 434).

El amor de Cristo fundamenta la espiritualidad de la familia (Cfr. Ef 5, 25-27). Dicho amor, en el matrimonio pasa necesariamente por el sacrificio y la total entrega de sí al bien del cónyuge. Por eso, la Cruz de Cristo en el hogar debe presidir la vida cotidiana porque ayudará a superar las inevitables crisis del matrimonio, de los padres con sus hijos y de los hermanos entre sí. De ahí que la mística y ascética son necesarias y deberán ir siempre juntas en la familia cristiana.

Comprobamos que la vocación de familia se está  deteriorando con una rapidez inusual no experimentada en otros tiempos.  Estos males que constituían sorpresa y escándalo hasta hace poco, actualmente no causan asombro y, paulatinamente, se fueron convirtiendo en un  fenómeno sociocultural que peligrosamente se vuelve rutina y, en ciertos casos, norma de vida.

Bendiciones recibidas

Expresamos nuestra alegría como Pastores y nos referimos a las gracias y bendiciones por tantos  testimonios y experiencias positivas de muchas familias que siguen el camino del Señor viviendo conforme al proyecto de Dios. Podemos constatar la alegría de las familias cristianas en la vivencia de su vocación matrimonial. 

Señalamos algunos de los aspectos positivos verificados en las familias y que son plenamente rescatados a pesar de los embates que reciben a diario. Como ejemplo digno se pueden mencionar el testimonio de algunos jóvenes que antes de la celebración del sacramento han realizado su preparación remota, realizada en el aprendizaje del amor en el hogar, próxima, cuando son adolescentes y jóvenes, e inmediata mediante los encuentros prematrimoniales conscientes y sistemáticos (FC, 66). 

Existen también  muchos matrimonios, bien formados y cimentados en la fe cristiana, que luchan por defender la unión conyugal y familiar. 

Estos matrimonios asumen: la convicción y la defensa inclaudicable del sacramento del matrimonio; cuidan de la vida en todas sus etapas, desde su concepción hasta la muerte natural; mantienen el valor y la práctica de la paternidad/maternidad responsables; dan testimonio de vida cristiana cotidiana; como padres, ejercen el ejercicio amoroso y razonable de la autoridad; cumplen con los roles familiares, a pesar de la presión existente como consecuencia de la  ajetreada vida actual o de las asechanzas de nuevas ideologías; educan en el respeto al semejante  considerándolo como prójimo y hermano; protegen el medio ambiente y todo lo creado por Dios; llevan una vida austera y ordenada con maduro criterio y una espiritualidad en torno al nicho familiar.

En ellas se vive el amor, la solidaridad-fraternidad, se busca el tiempo para compartir las vivencias personales, se utiliza entre sus miembros la comunicación en sus variadas formas, las posibles situaciones de crisis son capitalizadas como experiencias para renovar actitudes, ideas y sentimientos; muchos viven una fructífera relación con su comunidad de entorno y, fundamentalmente, viven la experiencia del perdón y se acercan al sacramento de la reconciliación además de participar, en familia, de la Eucaristía dominical. 

Estos testimonios nos producen gozo y, sobre todo, esperanza porque constituyen ejemplos para renovar a otras familias. Estas familias evangelizadas son como pequeñas Iglesias Domésticas, se abren a la experiencia familiar de la oración, de la lectura de la Palabra de Dios, la participación en la vida sacramental de su comunidad parroquial y en las obras de caridad hacia el necesitado, con espíritu evangélico. 

Se convierten así, a su vez en evangelizadoras. La misión de las familias, según el Beato Juan Pablo II se resume en estos cuatro puntos: formar la comunidad de personas, servir a la vida, participar en el desarrollo de la sociedad y participar en la vida y misión de la Iglesia (FC, 17).

La irradiación de su actividad pastoral se dirige hacia otras familias, uniéndose en la Pastoral Familiar y/o en movimientos familiares, tanto a nivel nacional, como diocesano y parroquial. Realizan su acción hacia las parejas que aún están en camino de formalizar su matrimonio cristiano. Ayudan a sostener las luchas y dificultades de muchas familias cristianas y también asisten a las parejas y matrimonios que por diversos motivos de la vida se han separado y a quienes les hace sentir que son importantes para la Iglesia.

Amenazas a las familias

Dice el Documento de Aparecida: "En nuestra condición de discípulos y misioneros de Jesucristo, estamos llamados a trabajar para que las amenazas contra la institución familiar sean transformadas y la familia asuma su ser y su misión en el ámbito de la sociedad y de la Iglesia" (DA, 432).
Algunos medios de comunicación banalizan o relativizan el rol de las familias. Insisten en una imagen desdibujada de la familia cristiana: proponen, sin ningún criterio, la unión libre, la infidelidad matrimonial, el aborto, la homosexualidad y la ideología del género. Hay quienes ni siquiera piensan asumir el compromiso estable de vivir juntos ni de contraer el matrimonio civil ni el religioso. También hay quienes asumiendo el matrimonio, tanto civil como religioso, lo toman como un "compromiso pasajero", de mero cumplimiento social o cultural.
Existe en muchos el desconocimiento y la mentalidad degradada de la institución matrimonial. Se constata un número cada vez mayor de separaciones y divorcios. Persiste la mentalidad abortista, el feminismo exacerbado, el relativismo moral. En estas situaciones a los cónyuges les resulta difícil cumplir con el proyecto humano y más aún con el de Dios que consiste en construir bien su familia como lo pide la Iglesia.

Lamentamos la ausencia prolongada por la migración del padre o de la madre, o de ambos, por razones económicas principalmente, porque  los niños, adolescentes y jóvenes con frecuencia son criados por otros familiares o viven abandonados a su suerte. Deploramos todo tipo de violencia y las agresiones físicas, sicológicas y hasta víctimas fatales que se cometen dentro del hogar porque no son expresión de amor sino de egoísmo y hasta de perturbaciones síquicas. Nos preocupan las familias incompletas y la condición de madres solteras. También las consecuencias de la pobreza, de la falta o insuficiente educación y salud debidas a la marginalidad. ?Qué bueno sería que tanto el Estado como la misma Iglesia se ocupen más en acompañar estas situaciones!.

En consecuencia, subvalorado o no asumido el sacramento y la institución del matrimonio, tanto civil como religioso, los padres y la misma familia  encuentran serias  dificultades para cumplir su misión.
 
Las familias descompuestas y particularmente algunos jóvenes, son víctimas de la desorientación moral. ?No será porque han dado la espalda a la fe cristiana y han sido arrollados por el consumismo y el relativismo? 

Lo confirman muchos hechos concretos: relaciones sexuales precoces, embarazos de adolescentes, personas manipuladas por la ideología del género, la locura y el desenfreno producidos por las drogas y el alcohol, la práctica de los estímulos hedonistas, el deseo de conseguir dinero fácil sin mayor esfuerzo. 

El Internet mal usado puede servir aún más para la destrucción moral y síquica de sus usuarios (niños, jóvenes, adultos?). En este sentido vale la pena escuchar las palabras del Papa Benedicto XVI: "Por lo tanto, quienes se ocupan del sector de la producción y difusión de contenidos de los nuevos medios, han de comprometerse a respetar la dignidad y el valor de la persona humana. Si las nuevas tecnologías deben servir para el bien de los individuos y de la sociedad, quienes las usan deben evitar compartir palabras e imágenes degradantes para el ser humano, y excluir por tanto lo que alimenta el odio y la intolerancia, envilece la belleza y la intimidad de la sexualidad humana, o lo que explota a los débiles e indefensos." (Mensaje a la Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales, 2009).
Vivimos realmente en una sociedad en donde se busca, no importa cómo, la gratificación inmediata e instantánea.

2. La realidad de la mujer

Un capítulo muy especial merece la reflexión sobre la situación de la mujer en la actualidad. El Documento de Aparecida, al referirse a la dignidad y participación de las mujeres resalta justamente la igual dignidad entre varón y mujer, en razón de ser creados a imagen y semejanza de Dios. "El misterio de la Trinidad nos invita a vivir una comunidad de iguales en la diferencia" (DA, 451). 
                                                                                                            
La mujer llamada a ser madre está inclinada naturalmente a vivir la maternidad y feminidad con sus cualidades indispensables, como bondad, paciencia, ternura, proximidad. Sus hijos aprenden de ella y los abre a la relación profunda y espiritual con Dios y con la Virgen Santísima.

Señalamos  algunas realidades más notorias que prevalecen en  nuestro medio, como ser: sigue el machismo, aunque ha disminuido bastante porque hay mayor conciencia del rol formativo de la mujer. Ellas están asumiendo en muchos lugares nuevos roles incursionando en los campos de la política, economía, deporte, profesiones? que por una parte son beneficiosos y por otro lado hacen peligrar su misión de madre y esposa. 

Con todo, continúan las diferencias culturales y de oportunidades, entre las mujeres del campo y del cinturón de las ciudades y también entre las de las ciudades. Muchas de ellas protagonizan hasta con cierto heroísmo los servicios de educación, salud, economía familiar, en medio de enormes dificultades (Cfr.  Prov 31, 1 y ss). 

Queremos subrayar el testimonio de las religiosas consagradas al desempeñar un papel de importancia para el bien común y la mejora de la sociedad. Ellas se dedican con pasión a la educación cristiana en parroquias y escuelas de todo el país.  Muchas ofrecieron y ofrecen su entrega generosa en el cuidado de los enfermos, de los pobres, indígenas y campesinos. Su entrega generosa, personal y comunitaria, de por si, es una gran fuerza evangelizadora de toda la Iglesia. Demuestran al Pueblo de Dios una de las maneras sublimes de amor, la virginidad.

Con tenacidad y amor perseverante, las mujeres han merecido en el conjunto de la vida eclesial y social un respeto que no siempre recibieron, y un espacio adecuado que no siempre obtuvieron. Fueron y son educadoras de la fe. En momentos difíciles han sido portadoras de justicia y libertad. Muchas de ellas llevaron socorro a los presos, otras ofrecieron sus vidas por un Paraguay mejor. Muchas mujeres de  hoy, como de ayer y de siempre, siguen luchando, incluso desde la convicción de su fe cristiana, por un Paraguay fraterno y justo. Recordemos a las Residentas, mujeres fuertes y valientes, forjadoras de vida para nuestro pueblo.

3. Realidad del varón

Siguiendo  con el diagnóstico de la realidad en cuanto al matrimonio y la familia, es de suma importancia reflexionar sobre la responsabilidad del varón y padre de familia.

Los niños aprenden la bondad y misericordia de Dios Padre a través de la experiencia concreta que sus propios papás les ofrecen. Entonces, podemos decir que "el varón, desde su especificidad, está llamado por el Dios de la vida a ocupar un lugar original y necesario en la construcción de la sociedad, en la generación de cultura y en la realización de la historia. Profundamente motivados por la hermosa realidad del amor que tiene su fuente en Jesucristo, el varón se siente fuertemente invitado a formar una familia" (DA, 459). No siempre esa imagen, lamentablemente, ha sido la característica de muchos varones que llevados por el alcohol y la pérdida de su autovaloración, se han manifestado agresores de su familia y de sus hijos.

Constatamos también que "ellos (los varones) se han mantenido más bien al margen de la Iglesia y del compromiso que en ella están llamados a realizar". . ."Esta suerte de lejanía o indiferencia de parte de los varones, que cuestiona fuertemente el estilo de nuestra pastoral convencional, contribuye a que vaya creciendo la separación entre fe y cultura, a la gradual pérdida de lo que interiormente es esencial y dador de sentido, a la fragilidad para resolver adecuadamente conflictos y frustraciones, a la debilidad para resistir el embate y seducciones de una cultura hedonista, frívola y competitiva, Todo esto los hace vulnerables ante la propuesta de estilos de vida que, proponiéndose como atractivos, terminan siendo deshumanizadores. En un número considerable de ellos se abre paso la tentación de ceder a la violencia, infidelidad, abuso de poder, drogadicción, alcoholismo, machismo, corrupción y abandono de su papel de padres" (DA, 461).

También afirmamos el testimonio de varones, padres de familia, ejemplares. Vale lo mismo subrayar el ejemplo de nuestros santos sacerdotes consagrados a Dios en la misión de la Iglesia. Por ellos estamos agradecidos.

4. Realidad de la Vida Humana

Una cuestión central, que está indisolublemente unida al matrimonio y la familia, es la vida humana. Todo ser humano es un regalo de Dios y es creado personalmente por su bondad para la felicidad de la vida, abierta ésta a la vida en Cristo en su plenitud. Siendo regalo de Dios también es una tarea que debemos cuidar desde su concepción hasta la muerte natural, sin relativismos (Cfr. DA, 464).

Al prescindir de los cauces éticos, la ciencia, en sus métodos, no tiene los parámetros del valor de la vida. Dice Aparecida: "Los discípulos de Jesús tenemos que llevar el Evangelio al gran escenario de las mismas, promover el diálogo entre ciencia y fe, y en ese contexto, presentar la defensa de la vida. Este diálogo debe ser realizado por la ética y en casos especiales por una bioética bien fundada. La bioética trabaja con esta base epistemológica, de manera interdisciplinar, donde cada ciencia aporta sus conclusiones" (DA, 465).

Los Obispos en Aparecida advierten sobre los "retos nuevos que nos piden ser voz de los que no tienen voz. El niño que está creciendo en el seno materno y las personas que se encuentran en el ocaso de sus vidas, son un reclamo de vida que grita al cielo y que no puede dejar de estremecernos. La liberalización y banalización de las prácticas abortivas son crímenes abominables, al igual que la eutanasia, la manipulación genética y embrionaria, ensayos médicos contrarios a la ética, pena capital, y tantas otras maneras de atentar contra la dignidad y la vida del ser humano". . . "la vida humana debe ser defendida siempre, desde el momento mismo de la fecundación" (DA, 467).
  
Juan Pablo II, refiriéndose a todos estos problemas, de la situación de la mujer, del varón y lo referente a la vida, decía: "En la base de estos fenómenos negativos está muchas veces la corrupción de la idea y de la experiencia de la libertad, concebida no como la capacidad de realizar la verdad del proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia, sino como una fuerza autónoma de autoafirmación, no raramente contra los demás, en orden al propio bienestar egoísta" (FC, 6c).

También, con más frecuencia, somos testigos de la ausencia del sentido de la vida, principalmente muy notoria en los jóvenes y en personas de grave inmadurez espiritual e intelectual. Es la crisis de sentido de la que habla Aparecida (cfr. DA, 37). Su resultado se manifiesta en una serie de desorientación, desesperanza y confusión que provocan graves desórdenes en la misma persona y serios conflictos en las relaciones familiares e interpersonales.

5. El proyecto de Dios sobre el Matrimonio y la Familia 

En las "Líneas Comunes de Acción Pastoral" para la Iglesia en el Paraguay en respuesta a la escucha de los fieles a Dios, se han considerado que los jóvenes y las familias constituyen una de opciones más prioritarias de la acción pastoral.

La vocación humana al amor se realiza, según el plan de Dios mediante la virginidad y mediante el matrimonio.  Al respecto nos dice el Beato Juan Pablo II: "La revelación cristiana conoce dos modos específicos de realizar integralmente la vocación de la persona humana al amor: el matrimonio y la virginidad. Tanto el uno como la otra, en su forma propia, son una concretización de la verdad más profunda del hombre, de su "ser imagen de Dios". (FC 11d). 

Gracias al matrimonio entre varón y mujer, en donde se donan mutua y totalmente con los actos propios y exclusivos de los esposos, se convierten en cooperadores de Dios en el don de la vida a una nueva persona humana. Así se va formando una comunidad de vida y amor, como "Iglesia Doméstica", escuela de fe y de humanidad llamada familia.

El amor conyugal, además de esa donación mutua y exclusiva es fiel, total e indisoluble hasta la muerte (Cfr. Mt 19, 6) y también fecundo, abierto a la vida (Cfr. Gn 1, 28), y a la educación de los hijos, semejándose al amor fecundo de la Santísima Trinidad (Cfr. DA, 434).

Dice Aparecida: "En el seno de la familia, la persona descubre los motivos y el camino para pertenecer a la familia de Dios. De ella recibimos la vida, la primera experiencia del amor y de la fe. El gran tesoro de la educación de los hijos en la fe consiste en la experiencia de una vida familiar que recibe la fe, la conserva, la celebra, la transmite y la testimonia. Los padres deben tomar conciencia de su gozosa e irrenunciable responsabilidad en la formación integral de sus hijos" (DA, 118).

De esta manera, es en el matrimonio y la familia donde se experimentan y aprenden "el conjunto de relaciones interpersonales, como son la relación conyugal, la paternidad/maternidad, la filiación, la fraternidad, mediante las cuales toda persona humana queda introducida en la "familia humana" y en la "familia de Dios", que es la Iglesia" (FC, 15). Una de las mejores contribuciones del matrimonio y la familia es el de edificar la Iglesia y el de dar solidez a la sociedad. Cuando el matrimonio y la familia están sanos la sociedad también estará sana y la Iglesia igual. Al contrario, sentirá ese dolor del miembro que sufre, como nos habla San Pablo en relación al Cuerpo de Cristo (Cfr. 1 Cor 12, 26-27).

Los próximos tres años,  la Iglesia en el Paraguay centra su objetivo en promover la familia.  Deberá ser ocasión para re-anunciar el evangelio del matrimonio y la familia. Como discípulos misioneros de Jesucristo trabajaremos pastoralmente en el marco de la Misión Continental Permanente. Esta pastoral familiar deberá ser transversal a todas las demás pastorales. 

Volvamos siempre a la voluntad del Creador que quiso la unión del hombre y de la mujer, y que Jesús reafirmó: "lo que Dios unió no lo separe el hombre" (Mt 19,6).


6. Misión de la Iglesia                              

Como lo expresa el citado Proyecto  para los  próximos tres años,  nuestro punto de partida debe ser  la conversión pastoral, la cual no sería posible sin una conversión personal. El punto de llegada será comunicar y dar la vida plena en Cristo (Cfr Jn 10,10). Ciertamente el plan pastoral es una indicación básica que deberá promover en los agentes pastorales mayor creatividad para ejecutarlo y es una invitación a no ceñirse literalmente a él.

Es imperiosa la necesidad de comunicar y dar esa vida plena a todos, sin distinción. Al encontrar esa vida plena   satisfarán aquellas necesidades de orden existencial más profundas de la persona humana, traducidas en la necesidad de encontrar la verdadera felicidad que sólo Cristo nos da. El sentirse realizado, por ser hijo o hija de Dios, conlleva consigo el camino de amor que se hace servicio a los demás.

Ante toda la realidad que vivimos y teniendo en cuenta nuestro punto de llegada, se impone como necesaria una pastoral  familiar que comience a formar a sus agentes en la doctrina de la Iglesia, les facilite la experiencia de la Lectio Divina (lectura orante) en el acercamiento a la Palabra de Dios, y les acompañe a la vivencia de los sacramentos de la Iglesia; les vincule a la persona de la Madre de Jesús; les ayude a reconquistar el nicho familiar y les anime a recuperar el inmenso valor y la práctica de la bendición a los hijos.

De esta fuente de espiritualidad podrá venir una pastoral familiar valiente, cercana y atenta a las nuevas situaciones (CEP, Habla Señor, que tu Iglesia escucha. Líneas Comunes de Acción Pastoral para la Iglesia en el Paraguay, 2007.69). 

?Familia, sé lo que eres!,  exhortaba el Beato Juan Pablo II (FC, 17). Con ello instaba a las familias a asumir su misión propia dentro de su naturaleza. 

Los Obispos del Paraguay, junto con todas las comunidades eclesiales, invitamos a asumir el proyecto pastoral sobre la familia para los próximos tres años. De acuerdo al referido proyecto, el año 2012 estará dedicado a la Familia y Matrimonio, el 2013 a Familia y Personas y el 2014 a Familia y Vida, abierta a la Sociedad. 

La autoridad y sabiduría del Beato Juan Pablo II nos invita también a nosotros a ser los primeros responsables de la Pastoral Familiar. El lo decía en la Familiaris Consortio:" El primer responsable de la pastoral familiar en la diócesis es el obispo. Como padre y pastor debe prestar particular solicitud a este sector, sin duda prioritario, de la pastoral. A él debe dedicar interés, atención, tiempo, personas, recursos; y sobre todo apoyo personal a las familias y a cuantos, en las diversas estructuras diocesanas, lo ayudan en la pastoral de la familia. Procurará particularmente que la propia diócesis sea cada vez más una verdadera "familia diocesana", modelo y fuente de esperanza para tantas familias que a ella pertenecen" (n. 73).

En esta tarea pastoral el laicado tiene su protagonismo. Ellos son los primeros en evangelizar y en ser evangelizados: padres, madres e hijos. Todo bautizado, por ser discípulo de Jesucristo, tiene la obligación de participar en la construcción de la familia cristiana. De una manera muy particular "no poca ayuda podrán prestar a las familias los laicos especializados (médicos, juristas, sicólogos, asistentes sociales, consejeros, etc.) que, tanto individualmente como por medio de diversas asociaciones e iniciativas, ofrecen su obra de iluminación, de consejo, de orientación y de apoyo" (FC, 75). 

Es fundamental que tengamos en cuenta que "hay que llevar a cabo toda clase de esfuerzos para que la pastoral de la familia adquiera consistencia y se desarrolle, dedicándose a un sector verdaderamente prioritario, con la certeza de que la evangelización, en el futuro, depende en gran parte de la Iglesia doméstica" (FC, 65c).

7. Conclusiones

Junto con estas reflexiones realizadas sobre la familia y la vida, para asegurar su continuidad y aplicación en la vida concreta, nosotros los obispos proponemos el trienio dedicado a la familia. Por eso pedimos:

1. Al Estado Paraguayo:

a. Crear un Ministerio de la familia y vida.
b. Difundir y proteger el matrimonio civil entre varón y mujer. Que el mismo matrimonio religioso tenga valor jurídico civil.
c. Proteger la vida desde su concepción hasta su muerte natural. Promover y defender la familia, desde las leyes nacionales, que aseguren su bienestar a nivel de educación, salud, vivienda, trabajo, y toda clase de servicio en su favor, particularmente de los pobres, campesinos e indígenas. 
d. Mantener los valores referentes a la cultura paraguaya en relación a la familia como también el derecho que tienen los padres de familias a la formación humana de la sexualidad del varón y de la mujer.


2. A las Diócesis y parroquias del país: 

a. Que la evangelización de la familia sea transversal a toda la pastoral eclesial, con una antropología cristiana basada en Jesucristo, Hombre perfecto y con el enfoque teológico a  partir del misterio infinito del Amor Trinitario. La familia es sujeto y protagonista de la evangelización.

3. A la Pastoral Familiar:

a. Animar y colaborar para la realización de la Misión Continental Permanente, centrando su servicio a la familia cristiana "Nueva Evangelización para el Nuevo Paraguay", fundados en la Palabra de Dios, en los contenidos y la espiritualidad del Documento de Aparecida (DA Cap. IX, 421?469) y de "Habla Señor que tu Iglesia escucha".
b. Ofrecer servicios de reflexión, estudio y publicaciones, que favorezcan los encuentros o congresos sobre la familia y su evangelización con los criterios de la Doctrina Social de la Iglesia. 
c. Animar la pastoral de la familia y de la vida a nivel nacional, de las diócesis y parroquias.
d. Coordinar los movimientos y asociaciones eclesiales de familias.
e. Preparar adecuadamente a los jóvenes para el sacramento del matrimonio.

La Conferencia Episcopal Paraguaya resolvió crear y poner en funcionamiento una "Academia Episcopal de Ciencias por la Vida y la Familia", dependiente de la Universidad Católica, con el objetivo de apoyar plenamente a nuestra familia paraguaya con sólidos fundamentos doctrinarios, éticos y científicos.

Finalmente, todo este proyecto sobre la familia tendrá aún más sentido eclesial con la mediación de la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, José y María. Pedimos a Dios por intercesión de la Virgen de Caacupé que  interceda ante su Hijo para darnos el amor, la fuerza y la valentía, como Ella los tuvo, para llevar adelante los tres años dedicados a la Familia.
Confiamos también en la intercesión de los Santos Mártires, Roque González de Santa Cruz, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo. Pedimos al Señor que nos ayude a convertirnos en audaces discípulos misioneros, forjadores de una Nueva Evangelización para un Nuevo Paraguay, basado en la integridad y felicidad de la familia, Iglesia doméstica y núcleo fundamental de la sociedad.
Con sincero afecto de Pastores, bendecimos a todos.

Asunción, 28 de noviembre de 2011.

Los Obispos del Paraguay 

29/11/2011

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